El mercado de la telefonía de ultra lujo trasciende la potencia de los procesadores o la calidad de las pantallas para adentrarse en el terreno de la alta joyería, el coleccionismo y la excentricidad pura. En este exclusivo segmento, los teléfonos móviles dejan de ser herramientas tecnológicas cotidianas y se convierten en símbolos de estatus multimillonarios, revestidos con metales preciosos, gemas prácticamente extintas e incluso materiales prehistóricos u extraterrestres.

En el ápice absoluto de esta extravagancia se encuentra el Falcon Supernova iPhone 6 Pink Diamond, concebido por la firma estadounidense de lujo Falcon. Valorado en la astronómica cifra de 48,5 millones de dólares, este dispositivo pasó a la historia al ser adquirido por la magnate india Nita Ambani. Su principal excentricidad reside en su cubierta trasera bañada en oro rosa de 24 quilates, coronada por un descomunal diamante rosa de talla esmeralda incrustado en el centro del chasis.
Reino Unido alberga a uno de los creadores más célebres de esta industria: el joyero Stuart Hughes, responsable de piezas como el iPhone 5 Black Diamond (15 millones de dólares) y el iPhone 4S Elite Gold (9,4 millones de dólares). Estos terminales destacan por reemplazar el botón de inicio con gigantescos diamantes raros de más de 7 quilates y cubrir sus marcos con cientos de diamantes blancos. La mayor excentricidad radica en el embalaje del modelo 4S: un cofre de platino sólido que incluye fragmentos auténticos de huesos fosilizados de un Tyrannosaurus Rex e incrustaciones de piedras rarísimas como la pietersita.
En la Europa continental destacan creaciones pensadas para magnates y oligarcas que combinan la opulencia con la privacidad. Un ejemplo es el Diamond Crypto Smartphone, desarrollado por la compañía rusa JSC Ancort en colaboración con joyeros austriacos por 1,3 millones de dólares. Fabricado en platino puro y decorado con 50 diamantes (10 de ellos raros diamantes azules), incorporaba un algoritmo de encriptación militar para proteger las conversaciones del usuario. En una línea similar, la firma suiza Goldvish lanzó el extravagante Goldvish Le Million por 1,3 millones de dólares, un teléfono de curvatura exótica revestido en oro blanco de 18 quilates, piel de cocodrilo y 120 quilates de diamantes incrustados.

En la actualidad, la firma rusa con sede en los Emiratos Árabes Unidos, Caviar, lidera el mercado de personalización de smartphones modernos, creando ediciones que van desde los 28.000 hasta más de 500.000 dólares. Sus excentricidades van desde revestir los últimos modelos de Apple o Samsung con oro macizo de 24 quilates y diamantes negros, hasta integrar reliquias históricas reales dentro del cuerpo del dispositivo, como incrustaciones de meteoritos caídos a la Tierra o fragmentos de dientes fosilizados de dinosaurio.
En última instancia, estos teléfonos demuestran cómo la tecnología puede quedar en segundo plano ante el deseo de exclusividad. Aunque sus componentes internos quedan obsoletos con el paso de los años, su valor de cotización se mantiene o se incrementa gracias a la escasez de sus piezas y a las toneladas de metales y piedras preciosas que los recubren.
