Viernes 14 de Agosto de 2026
Shadow

Misteriosa enfermedad mata a elefantes en Kenia

 Tendido en el suelo, el elefante Gengis Khan lucha en vano por ponerse en pie, pero solo consigue girar sobre sí mismo una y otra vez. La escena hace temer que se convierta en el vigésimo paquidermo de la región keniana de Amboseli en sucumbir a un misterioso mal.

Inclinados sobre él, veterinarios le inyectan glucosa, un paliativo irrisorio ante la falta de respuestas sobre qué está matando a este joven macho de 11 años, de ojos enrojecidos y respiración dificultosa.

Las manadas de elefantes han dado fama a esta región de sabana del sur de Kenia, dominada por el majestuoso Kilimanjaro, la cumbre más alta de África, que se eleva al otro lado de la frontera con Tanzania.

Desde finales de junio, al menos 19 paquidermos, sobre todo hembras o jóvenes, han muerto allí tras presentar los mismos síntomas, en particular una parálisis parcial que les impedía mantenerse en pie.

“Caminan y respiran con dificultad, están agitados”, describe Patrick Papatiti, jefe de operaciones de las tierras comunitarias de Olgulului, que albergan la reserva de Kitenden B, el lugar en el que Gengis Khan agoniza.

Cuando “ya no pueden caminar” o mantenerse en pie, “se tumban”; algunos “luchan un día, dos o tres días, hasta que mueren”.

A finales de julio, el Servicio de Vida Silvestre de Kenia (KWS) indicó que había detectado altas concentraciones de cianuro en los cadáveres de los elefantes, lo que apunta a un posible envenenamiento por pesticidas tras consumir frutas procedentes de explotaciones agrícolas cercanas.

No obstante, varios especialistas consultados descartan la hipótesis de los pesticidas.

“Es una enfermedad”, sostiene Patrick Papatiti, aunque admite que aún no sabe de cuál se trata. “¿Por qué quienes deberían estar esforzándose por resolver el problema ignoran esta pista?”, se pregunta.

“Aquí no se utiliza cianuro en ninguna parte”, asegura Papatiti. Es una de las pocas voces locales que rechazan públicamente las conclusiones preliminares del KWS y subraya que no se han hallado otros animales muertos.

En particular, destaca la ausencia de carroñeros fallecidos, que generalmente sucumben cuando consumen cadáveres abatidos por flechas envenenadas por cazadores furtivos.

“Si ningún otro animal que se alimenta de carroña ha muerto, entonces no es un producto químico”, afirma Joel Nyika, responsable del ecosistema de Amboseli, en el condado de Kajiado.

Rechaza también la hipótesis, igualmente planteada por el KWS, de que el cianuro haya podido provenir de una planta forrajera, ya que el ganado de las comunidades locales también habría muerto, y se inclina por “una enfermedad que solo afecta a los elefantes”.

Por ahora, el KWS ha descartado que se trate de una enfermedad contagiosa y ha instado a los turistas a seguir visitando la región con normalidad.

En la cercana reserva de Kimana, periodistas observaron seis cadáveres de elefante, más o menos recientes. Los guardas indicaron que los animales presentaban los mismos síntomas, incluida una parálisis parcial que les impedía mantenerse en pie.

El asunto es de extrema delicadeza en un país que ha hecho de su fauna silvestre una imagen de marca y una importante fuente de ingresos turísticos.

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