Los Ángeles volverá a convertirse en el centro del deporte mundial en julio de 2028, cuando reciba por tercera ocasión los Juegos Olímpicos, después de las ediciones de 1932 y 1984, y por primera vez los Juegos Paralímpicos. La ceremonia inaugural está programada para el 14 de julio de 2028 y la clausura para el 30 de julio. El proyecto contempla una competencia de enorme dimensión: más de 15 mil atletas entre olímpicos y paralímpicos, más de 800 eventos y alrededor de 3 mil horas de transmisiones y acción deportiva. La ciudad pretende aprovechar su infraestructura deportiva existente para evitar el gigantesco gasto que normalmente implica construir estadios nuevos.

Una de las características centrales de LA28 será precisamente que no se construirá ningún nuevo recinto deportivo permanente para los Juegos, algo que no ocurría en unas Olimpiadas desde hace ocho décadas. El plan utilizará más de 40 sedes distribuidas por Los Ángeles, el sur de California y otras ciudades estadounidenses. Entre los escenarios estarán instalaciones históricas y modernas, mientras que el Intuit Dome será la sede del basquetbol olímpico. La estrategia busca reducir costos, aprovechar instalaciones que ya existen y evitar que la ciudad termine con grandes estadios abandonados una vez terminada la competencia.
El presupuesto de la organización de los Juegos supera actualmente los 7 mil millones de dólares y el modelo pretende que LA28 sea financiado fundamentalmente con recursos privados, mediante patrocinios, derechos comerciales, boletaje y otras fuentes de ingresos. A finales de 2025, el comité organizador ya había conseguido más de 2 mil millones de dólares en patrocinios, superando con anticipación los ingresos por esta vía obtenidos por París 2024. Sin embargo, la dimensión de los Juegos también implica recursos públicos, especialmente en seguridad y transporte. El gobierno federal ha comprometido alrededor de mil millones de dólares para seguridad y se han canalizado cientos de millones adicionales para mejorar la infraestructura de transporte de la región.

El gran desafío para Los Ángeles será mover a millones de personas en una de las áreas metropolitanas más dependientes del automóvil en Estados Unidos. La apuesta oficial es organizar unos Juegos orientados al transporte público, con inversiones en Metro, ampliaciones y mejoras de líneas ferroviarias, infraestructura para autobuses y proyectos de seguridad vial. Entre las obras beneficiadas se encuentran la ampliación de la Línea D del Metro y el proyecto ferroviario del Valle de San Fernando. La meta es que los visitantes puedan desplazarse entre las distintas zonas olímpicas sin depender exclusivamente de los automóviles, reduciendo al mismo tiempo congestionamientos y emisiones.
La competencia también será distinta por su alcance geográfico y deportivo. Los Juegos Olímpicos contemplan 36 deportes, mientras que los Paralímpicos tendrán 23, con más de 800 eventos y más de 3 mil horas de acción en vivo. Además de las sedes ubicadas en el área metropolitana, algunas competencias se desarrollarán fuera de Los Ángeles, mientras que Oklahoma City será sede de los partidos de sóftbol y canotaje de velocidad. Para los organizadores, la enorme infraestructura deportiva, cultural y turística de California permite convertir prácticamente toda la región en un gran escenario olímpico, en lugar de concentrar las actividades en una sola zona.

A menos de dos años de la inauguración, Los Ángeles entra así en la etapa decisiva de preparación: definir sedes, transporte, seguridad, tecnología, alojamiento, servicios para atletas y atención a los millones de aficionados que llegarán de todo el mundo. LA28 asegura que busca unos Juegos más sostenibles, utilizando instalaciones existentes, infraestructura temporal reutilizable y energía eléctrica renovable. La apuesta es que la Olimpiada no deje solamente una colección de medallas y espectáculos, sino también una transformación duradera de la movilidad y de los espacios públicos. El verdadero examen llegará en 2028, cuando la ciudad tenga que demostrar que puede organizar una de las competencias deportivas más grandes del planeta sin repetir el modelo de enormes obras nuevas y deudas que ha dejado a otras ciudades anfitrionas con una pesada factura después de la fiesta olímpica.
