Jueves 09 de Julio de 2026
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El arbitraje roba cámara en el mundial

 El Mundial de Futbol 2026 ha quedado marcado no solo por el nuevo formato de 48 selecciones y la cifra récord de asistentes a los estadios, sino también por una creciente polémica en torno a las decisiones arbitrales. El sistema de videoarbitraje (VAR), concebido para reducir los errores, se ha convertido en el centro del debate por la disparidad de criterios en jugadas similares y por la percepción de que algunas decisiones han favorecido a selecciones consideradas candidatas al título, alimentando cuestionamientos sobre la transparencia del torneo.

Uno de los casos que más controversia ha generado fue el camino de Argentina hacia los cuartos de final. La victoria de la Albiceleste sobre Egipto estuvo rodeada de reclamos luego de que el VAR invalidara un gol egipcio por una acción considerada falta, mientras que una jugada similar en favor de los sudamericanos sí fue convalidada. Además, estadísticas del torneo muestran que Argentina ha recibido un número significativamente menor de tarjetas amarillas en relación con las faltas cometidas, lo que ha reforzado las acusaciones de un trato arbitral más benévolo hacia uno de los principales favoritos para conquistar el campeonato.

La mayor sacudida institucional llegó, sin embargo, fuera de la cancha. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció públicamente haber solicitado al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, la revisión de la tarjeta roja mostrada al delantero Folarin Balogun. Posteriormente, la FIFA suspendió la sanción y permitió que el atacante disputara el partido de octavos de final frente a Bélgica, una decisión que provocó críticas de diversas federaciones, exárbitros y dirigentes deportivos por considerar que abrió la puerta a una injerencia política sin precedentes en un torneo organizado bajo el principio de autonomía deportiva.

El episodio desencadenó una ola de cuestionamientos sobre la independencia de los órganos disciplinarios de la FIFA y sobre la consistencia en la aplicación del reglamento. Diversos especialistas señalaron que la anulación de una suspensión automática derivada de una expulsión constituye un precedente excepcional que podría afectar la credibilidad del sistema disciplinario, mientras que federaciones europeas manifestaron su preocupación por el mensaje que se envía respecto a la igualdad de trato entre todas las selecciones participantes.

Las estadísticas disciplinarias también reflejan un torneo intenso. Al llegar a la fase de cuartos de final se habían disputado 96 partidos, en los que los árbitros mostraron 259 tarjetas amarillas y 14 tarjetas rojas, cifras que colocan al campeonato entre los más exigentes desde el punto de vista arbitral. Aunque el número de amonestaciones es elevado, la discusión pública se ha concentrado menos en la cantidad de sanciones y más en la uniformidad de los criterios utilizados por los silbantes y por el VAR para determinar cuándo intervenir y cuándo mantener las decisiones tomadas en el terreno de juego.

A medida que el Mundial entra en su recta final, la presión sobre el cuerpo arbitral y sobre la FIFA continúa creciendo. Los organismos rectores sostienen que las decisiones se han tomado conforme al reglamento y mediante los procedimientos establecidos, pero la sucesión de episodios polémicos ha dejado instalada la percepción de que el arbitraje ha influido de manera determinante en el desarrollo del torneo. Más allá de quién levante la Copa del Mundo, el debate sobre el funcionamiento del VAR, la consistencia de los criterios arbitrales y la posible influencia externa en las decisiones disciplinarias promete convertirse en uno de los principales legados de la edición 2026.

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