
Por Manuel Sepúlveda
La IA es, sin duda alguna, una herramienta revolucionaria que está creciendo a pasos agigantados y que se está expandiendo a todas las industrias existentes; desde la industria del software hasta la cinematográfica. Como toda herramienta (y es en extremo importante señalar la palabra herramienta), la IA debe de utilizarse de manera responsable, siempre estando atentos a la calidad y veracidad de la información que proporciona, puesto que ésta se alimenta de todos los datos que puede encontrar en el vasto océano del internet y, como se puede esperar de cualquier creación humana, el internet está repleto de verdades y datos objetivos, pero también cuenta con una larga dotación de datos falsos y erróneos. Es aquí, en el punto donde la razón debe cuestionar a la herramienta, dónde la gran mayoría de los usuarios falla, pero ¿por qué?
Las primeras imágenes y videos generados con herramientas IA caminaban una delgada línea entre lo cómico y lo perturbador (véase el primer vídeo generado con IA del actor Will Smith comiendo spaghetti como referencia). Esta primera ola de contenido distaba mucho del terreno de lo convincente, pero despertó la curiosidad de millones de internautas. Unos pocos años después, en el presente, contamos con modelos de IA que generan cortometrajes con distintos grados de realismo, herramientas que generan fotos e imágenes de distintos estilos y que, poco a poco, van adoptando tareas más complejas. Tómese como ejemplo la célebre foto del perro y el bebé que apareció a los pocos días de que sucediera el terrible terremoto en Venezuela de este año. La foto logró captar la atención de miles de usuarios para que, al final, se demostrara que la imagen no era más que una fantasía, una creación de una máquina.
Otro ejemplo (mucho más inofensivo) es el cómico video donde el célebre jugador de fútbol de origen noruego, Erling Haaland, se asusta de su propio reflejo mientras está comiendo. Millones de usuarios creyeron que el video era real y que Haaland se había espantado a sí mismo como si fuera un cachorro mirándose al espejo por primera vez, pero, una vez más, solo resultó ser una creación de un prompt y muchísimo tiempo libre. Pareciera que, en el estado actual en el que se encuentra el desarrollo de estos modelos, la imaginación es el único límite. ¿Cómo podemos corroborar que algo es falso si cada día la IA avanza y aprende a crear contenido más realista? Por supuesto que el cuestionamiento es el primer recurso que podemos usar, pero ¿qué pasa cuando la línea entre lo real y lo falso, la verdad y la mentira, se vuelve tan delgada que nos lleva a cuestionarlo todo, independientemente de su autenticidad? O, peor aún: ¿qué pasa cuando el cuestionamiento no exige más pruebas más que la apreciación de cada individuo?
Es en este punto en dónde visualizamos una frase recurrente en redes: “La IA me frió el cerebro”, la cual es común cuando uno o varios usuarios ven contenido hecho totalmente por humanos, pero sus sentidos fallan en discernir lo real de lo falso. Podemos apreciar comentarios como: “La IA me frió el cerebro. Creí que el video/imagen/foto estaba hecho con (inserte su herramienta de IA favorita aquí)”. No tenemos que ir tan lejos para encontrar más comentarios así. Es tan simple como visitar el trailer más reciente de cualquier película de superhéroes, visitar la página de prácticamente cualquier ilustrador emergente o profesional o la de cualquier líder de opinión o escritor para toparnos con al menos un “Es IA”.
Claro está que hay personas que ya usan diariamente la IA para generar contenido “creativo” e incluso ya hay grandes estudios cinematográficos adoptando estas herramientas para acelerar la producción de sus películas, y es pertinente cuestionar a los responsables de hacer uso de estas herramientas, pero ese es un tema aparte. El fenómeno que debemos observar es cómo el uso y abuso de la IA para generar contenido ha modificado nuestra capacidad de razonar y cuestionar todo aquello que nos rodea, lo cual, a priori, no suena como algo adverso, pero, una vez que nos orilla a juzgar todo como falso sin requerir ningún tipo de prueba aparte de aquello que observamos y tan solo nos basamos en el supuesto de que todo es artificial, entonces se convierte en algo peligroso.
Así como las armas no matan por si solas, las herramientas de IA no fríen el cerebro de las personas porqué sí. Somos nosotros mismos los que freímos nuestra mente consumiendo excesivas cantidades de contenido en redes. Esto, aunado a que los algoritmos de todas las redes favorecen el entretenimiento fugaz y gratificante a corto plazo, han contribuido a sepultar nuestra capacidad de atención, de juicio y de razonamiento. Por si fuera poco, los algoritmos actuales favorecen el contenido que resulta polémico, puesto que éste genera millones de reacciones en muy poco tiempo.
El debate, la discusión y la polarización generan visitas a cualquier red; podría decirse que la máquina ha descifrado la irremediable adicción del humano por buscar el conflicto y la indignación. El contenido, claro está, es generado por humanos (por ahora), por lo que somos responsables de cuidar lo que creamos, consumimos y de cómo nos mantenemos informados sobre cómo se genera. El arte y la creatividad auténtica serán cada vez más difíciles de encontrar y los artistas tendrán que luchar constantemente contra una percepción cada vez más grande de que su trabajo no es real. Los noticieros quedarán acorralados al tener que verificar todas sus notas al menos cuatro veces para después tratar de ser lo más convincentes posibles sin que se les señale de distribuir información falsa.
Las escuelas tendrán que ser extremadamente precavidas, puesto que los trabajos de investigación tendrán que ser revisados con mayor rigor y evitando los juicios erróneos sobre trabajos que se han realizado sin asistencia de una máquina. Sin duda alguna, se aproximan tiempos interesantes en todos los aspectos de la vida humana; depende de nosotros elegir si queremos que la máquina nos fría el cerebro o aprendemos a usarla de manera responsable.
¡Ah! Lo olvidaba: este texto no fue hecho con IA (¿o sí lo fue?). Juzgue usted mismo.
