
Por Manuel Sepúlveda
Hace cerca de un año, las aventuras del hombre de acero volvieron a la pantalla grande retomando un poco del humor y tono tan característico de la primera adaptación de los años 70 protagonizada por Christopher Reeve. “Superman” de James Gunn generó millones de reacciones en diferentes medios por parte de fanáticos y público en general, tanto así que, después de varios años sin el hombre de acero en la pantalla grande, este volvió al centro de la cultura popular como si jamás se hubiera ido y, no solo eso, sino que hizo que la nostalgia por los héroes clásicos de las historietas volviera con más fuerza que nunca. Pero en medio de los nuevos personajes, actores y colores, hay algo que esta adaptación captó la atención de los fanáticos: la gentileza y humildad del hombre de acero. ¿Cómo es que un concepto así tomara por sorpresa a los millones de espectadores que fueron a los cines? ¿Se ha convertido la gentileza humana en un extraño espectáculo? Puede parecer extraño, pero, por desgracia, así es.
Parece ser que, incluso después de siglos de conflictos y desacuerdos, el humano se ha vuelto más desconfiado, escéptico e indiferente ante su prójimo. Muy en el fondo, confiamos más en la palabra de alguien que no conocemos y nos habla a través de una pantalla en vez de confiar en nuestros seres queridos. La religión no basta, puesto que el culto ha superado a la práctica y muchos están convencidos de que con el simple hecho de rendir culto están absueltos de maltratar a su prójimo fuera de los templos e iglesias. Las personas parecen ya no disfrutar de nada y se enfrascan en discusiones vanas en las secciones de comentarios de miles de millones de foros y redes sociales mientras la vida se les resbala lentamente de las manos. Pareciera que el ser gentil y amable se ha convertido en una rareza, en un acto que, para muchos, puede ser “simulado”, “hipócrita” o “para generar más likes” (por ponerlo en términos más modernos). ¿Acaso ser gentil ya no puede ser un acto auténtico?
Hace algunos años, la gente aclamaba una versión de Superman más “oscura” o “realista”, como la llamaron algunos. Pero ¿qué significa ser realista en nuestros tiempos? ¿Ser pesimista y dudar de hacer el bien? ¿Es esa la realidad de nuestros valores, admirar al pesimista y al desconfiado en pro de una visión más “cruda” del mundo? La verdad es que todo depende de la óptica con la que se observe la realidad y, si ese es el caso, ¿por qué no elegir una óptica más optimista y agradable? ¿Por qué no desechar lo que no suma en nuestras vidas y adoptar una visión más proactiva del presente y del futuro? Vivimos constantemente atrapados en la nostalgia, pensando que todo tiempo y sociedad pasada fue mejor, pero es hora de dejar ir el pasado y abrazar el futuro, con todo y sus defectos. Con un poco de suerte, la empatía se pondrá de moda y, día tras día, tal vez la gentileza ya no será un extraño espectáculo; tal vez en el futuro un Superman gentil, honesto y lleno de esperanza no sea una rareza, sino un concepto inmutable.
En medio de los conflictos políticos, diplomáticos, económicos y militares, el buscar un pequeño resquicio de esperanza (como lo puede ser una película de superhéroes) se ha vuelto crítico para miles de personas alrededor del mundo. Somos constantemente bombardeados por noticias con encabezados pesimistas y alarmantes, tanto así que condiciones como la ansiedad van al alza de manera exponencial, ansiedad que ni siquiera es provocada por los problemas de la vida diaria, sino por cuestiones que ninguno de nosotros, simples mortales, controlamos. Claro está que no se trata de ignorar los problemas del mundo; no se trata de escapar y de dejarlos atrás mientras la vida sigue envuelta en completa ignorancia, sino de centrar nuestros esfuerzos en buscar causas proactivas que, poco a poco, sanen al mundo y, tal vez más importante aún, que sanen nuestra salud mental. Pequeñas obras como reducir nuestro tiempo frente a las pantallas y hablar de manera sincera y directa con los miembros de nuestra familia y de nuestro círculo social puede empezar a marcar una diferencia. Hablar sobre los problemas de nuestra realidad y entenderlos desde una perspectiva proactiva nos dará claridad, algo que, en medio de todo el ruido mediático, es difícil de encontrar. No somos como Superman, pero si podemos ser como Superman si elegimos ser más humanos con los demás.
Y ahora, es tiempo de preguntarnos, ¿qué hará la humanidad?
