Perú, el poder que no dura
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José Jerí ya es pasado en un país que mastica presidentes con la misma facilidad con la que otros cambian de gabinete. Su destitución no sorprende, aunque sí vuelve a sacudir una escena política que parece vivir en estado de sobresalto permanente. En Perú, gobernar se ha vuelto un acto de equilibrio sobre arenas movedizas, y quien se atreve a pararse en el centro termina, casi siempre, tragado por el suelo.
Lo de Jerí no fue una caída estrepitosa, sino una erosión constante. Ocho meses bastaron para confirmar que el problema no es el nombre del presidente, sino el sistema que lo rodea. Siete mandatarios en diez años no hablan de mala suerte, sino de un diseño institucional enfermo, de una política convertida en ring y de una clase dirigente incapaz de convivir con la mínima estab...









