El precio del silencio
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Las libertades rara vez desaparecen de un día para otro. No suelen ser arrebatadas mediante un solo decreto ni anuladas por una decisión repentina. Su desgaste suele ser más lento, más discreto y, precisamente por eso, más peligroso. Comienza cuando las personas dejan de expresar lo que piensan, cuando el miedo desplaza a la convicción y cuando la comodidad termina imponiéndose sobre el deber de participar. Toda sociedad enfrenta tarde o temprano esa disyuntiva: aceptar el silencio como refugio o entender que la libertad exige ciudadanos dispuestos a defenderla. La diferencia entre una democracia vigorosa y una que empieza a deteriorarse suele encontrarse justamente ahí.
Existe una diferencia fundamental entre las sociedades que conservan sus libertades y aquellas que terminan pe...









