Cierran caminos al campo y surgen los bloqueos
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Hay una tentación muy mexicana de creer que los bloqueos carreteros son una patología exclusiva de nuestro desorden nacional: herencia del rezago, de la protesta sin cauce, del enojo que estalla donde puede porque no encuentra puertas abiertas. Nada más cómodo —y nada más falso— que asumirlo así. Basta mirar hacia otras latitudes, incluso hacia países que solemos colocar en el pedestal de la institucionalidad y la gobernanza, para entender que cuando el campo se siente acorralado, las carreteras se convierten en trinchera. Francia es hoy un ejemplo elocuente.
Allá, como aquí, los bloqueos provocan dolor de cabeza, crispación social y una sensación de parálisis que irrita a ciudadanos ajenos al conflicto. Allá, como aquí, el debate se polariza entre quienes exigen “mano dura” y qu...









