El caso de Naasón Joaquín García se mantiene como uno de los escándalos más graves que han involucrado a una organización religiosa mexicana en el extranjero. El dirigente de la iglesia La Luz del Mundo cumple actualmente una sentencia en Estados Unidos, mientras enfrenta nuevos procesos penales federales que podrían extender su condena durante décadas. Su situación judicial contrasta con la ausencia de procesos en México, donde las investigaciones han sido cerradas o permanecen estancadas.

En 2022, Joaquín García fue condenado en California a 16 años y 8 meses de prisión tras declararse culpable de delitos de abuso sexual contra menores. La sentencia derivó de un proceso en Los Ángeles en el que inicialmente enfrentaba decenas de cargos, pero que terminó en un acuerdo judicial reducido. Aun así, la justicia estadounidense lo catalogó como responsable de conductas reiteradas de abuso contra adolescentes dentro de su entorno religioso.
Además de esa condena, el líder religioso enfrenta cargos adicionales en cortes federales. En Los Ángeles, fiscales han documentado delitos relacionados con la producción y posesión de pornografía infantil, derivado del hallazgo de material ilícito durante su detención en 2019. Estos cargos podrían sumar entre 15 y 40 años adicionales de prisión en caso de ser confirmados.

El frente judicial más complejo se desarrolla en Nueva York, donde Joaquín García está acusado de crimen organizado, tráfico sexual, explotación infantil y conspiración para encubrir delitos. La acusación sostiene que utilizó la estructura de la iglesia para reclutar y someter a víctimas durante años, en un esquema sistemático de abuso. El juicio federal está programado para 2027, y de ser hallado culpable podría enfrentar cadena perpetua.
Las investigaciones en Estados Unidos también involucran a miembros de su círculo cercano, incluidos familiares y colaboradoras señaladas como cómplices en la captación y control de víctimas. Según fiscales, la organización operaba como una red jerárquica donde la figura del líder era incuestionable y utilizada para justificar abusos sexuales bajo argumentos religiosos.
El caso no es aislado dentro de la historia de la iglesia. Denuncias de abuso sexual han perseguido a sus líderes desde generaciones anteriores, incluyendo a su padre, Samuel Joaquín Flores, quien también fue señalado por víctimas. Investigaciones periodísticas y testimonios apuntan a un patrón de encubrimiento y repetición de conductas dentro de la cúpula religiosa.

A pesar de este historial, en México no existe actualmente ningún proceso penal en su contra. La Fiscalía General de la República cerró una investigación de varios años que incluía acusaciones de abuso sexual, trata de personas y delitos financieros, sin ejercer acción penal. La decisión generó indignación entre víctimas y organizaciones civiles, que acusan un sistema de impunidad.
Incluso recientemente se ha planteado la posibilidad de reabrir el caso, ante la presión de víctimas y nuevas autoridades, lo que evidencia la fragilidad de las investigaciones en territorio mexicano. Denunciantes han señalado que existe una relación de protección política hacia la iglesia, lo que habría impedido judicializar los expedientes.
La Luz del Mundo es una organización con presencia internacional y millones de seguidores —se estima alrededor de cinco millones en distintos países—, con una base importante en Guadalajara. Su estructura económica incluye donaciones, propiedades y activos que le han permitido consolidar una fortuna significativa y una amplia infraestructura religiosa.

Ese poder económico se traduce también en influencia política. La iglesia ha mantenido vínculos con distintos actores públicos en México, ha movilizado votantes y ha tenido presencia en espacios de representación política y cercanía con autoridades. Víctimas y analistas han denunciado que esta red de relaciones ha contribuido a la falta de acción judicial en el país, consolidando un contraste marcado con lo que ocurre en Estados Unidos.
El “Apóstol de Jesucristo”
La organización de La Luz del Mundo ha sido descrita por exintegrantes, investigadores y autoridades judiciales —sobre todo en Estados Unidos— como una estructura altamente jerárquica, donde el liderazgo central concentra el poder espiritual, administrativo y simbólico. En la cúspide se encuentra la figura del “Apóstol de Jesucristo”, considerado por los fieles como el único intermediario entre Dios y la humanidad en la actualidad, lo que establece una relación de autoridad absoluta sobre la comunidad.

Uno de los pilares del funcionamiento interno es el cobro del diezmo, una práctica común en varias iglesias cristianas, pero que en este caso adquiere un carácter obligatorio para los miembros. Los fieles aportan el 10% de sus ingresos, además de otras ofrendas voluntarias que en la práctica suelen ser socialmente exigidas. Exmiembros han señalado que estas contribuciones sostienen la amplia infraestructura de la iglesia, incluyendo templos, eventos masivos y propiedades en distintos países.
La obediencia es otro elemento central. La doctrina promueve la sumisión total al liderazgo religioso, especialmente al apóstol en turno. Esta obediencia no se limita a lo espiritual, sino que puede extenderse a decisiones personales, familiares y económicas. Testimonios de exfeligreses describen un entorno donde cuestionar las instrucciones del liderazgo puede derivar en sanciones internas, aislamiento o expulsión de la comunidad.
En ese contexto de control, diversas investigaciones han documentado abusos de poder que van desde coerción psicológica hasta delitos graves. En particular, autoridades estadounidenses han señalado que algunos miembros eran reclutados y manipulados bajo la idea de servir a una misión divina, lo que facilitaba su sometimiento. Este tipo de dinámicas ha sido clave en los casos judiciales contra líderes de la organización.
A lo largo de décadas, han surgido denuncias de abuso sexual contra integrantes de la cúpula. Estas acusaciones, provenientes de distintas generaciones, describen patrones en los que jóvenes eran seleccionadas y presionadas para mantener relaciones con líderes bajo argumentos religiosos. En varios casos, las víctimas han afirmado que se les hacía creer que estos actos eran parte de un mandato divino o un privilegio espiritual.
También se han señalado mecanismos de encubrimiento interno. Exmiembros y denunciantes aseguran que la iglesia ha utilizado su estructura para desacreditar a víctimas, evitar que las denuncias prosperen y mantener control sobre la narrativa pública. Esto incluiría presión social dentro de la comunidad y el uso de recursos legales para contener los escándalos.

El control social dentro de la iglesia se refuerza mediante normas estrictas de conducta. Estas abarcan la forma de vestir, las relaciones personales y la vida cotidiana de los fieles. En algunos testimonios se describe un ambiente donde la identidad individual queda subordinada a la pertenencia al grupo, lo que dificulta que las personas abandonen la organización incluso ante situaciones de abuso.
En cuanto a su origen, el fundador de la iglesia, Eusebio Joaquín González, fue conocido entre sus seguidores como “Aarón Joaquín” y proclamado como “Apóstol de Dios”. Este título se fundamentaba en la creencia de que había sido elegido directamente por Dios para restaurar la iglesia primitiva. Esa narrativa fundacional estableció las bases doctrinales que posteriormente consolidaron la figura del líder como incuestionable.
Esa concepción del liderazgo apostólico se ha mantenido a lo largo de las generaciones, pasando de padre a hijo dentro de la misma familia. Cada sucesor ha sido presentado como el único portador legítimo de la autoridad divina, reforzando la continuidad del modelo jerárquico y la lealtad de los fieles.
El resultado es una estructura que combina fe, disciplina interna y concentración de poder. Mientras millones de creyentes la consideran una comunidad religiosa legítima, diversas investigaciones judiciales y testimonios han puesto en evidencia prácticas que han derivado en denuncias graves, configurando un modelo organizativo que ha sido cuestionado tanto en lo religioso como en lo legal.
