Jueves 11 de Junio de 2026
Shadow

¿Y la originalidad?

Por Manuel Sepúlveda

Crear algo es un proceso arduo, tardado y, en muchas ocasiones, cansado. Crear implica traer al mundo físico algo intangible que nace en la mente. Pasar de lo intangible a lo tangible es algo que suele ser complicado, puesto que el cerebro debe buscar las palabras y materiales adecuados para traer a la vida a aquello que solo existe como una visión. El proceso de creación es particularmente importante en el arte, puesto que el arte funciona como el vehículo de los sentimientos, ideas e imaginación del artista.

La imaginación (y lo que deriva de ella) suele ser abstracto, subjetivo por naturaleza y, en muchas ocasiones, difícil de expresar y de plasmar en un medio físico. Es ahí, en el momento de plasmar algo nuevo, cuando el proceso de creación comienza a trabajar y el combustible que lo mantiene en movimiento no viene de la mente humana, sino de todo lo que absorbe y consume del mundo exterior. Aquí surge la pregunta: si la imaginación y lo que creamos se nutre de todo aquello que consumimos y nos rodea, ¿nuestras ideas son completamente originales?

Nuestros antepasados ya miraban al cielo y se hacían preguntas sobre su origen, sobre lo que había más allá del mundo tangible y de lo que acontecía en otras partes del cielo y la tierra. De esta manera, crearon los primeros mitos, fábulas y epopeyas, con el fin de buscar una explicación a todo aquello que los hacía humanos. Eventualmente, estos relatos se transmitieron de boca en boca y por medio de la palabra escrita, pasando por un sinfín de personas que poco a poco fueron transformándolos. A pesar de estas transformaciones y derivaciones, los relatos humanos comenzaron a definir patrones y géneros.

Es a través de la repetición de estos patrones que se generaron las constantes y se comenzaron a distinguir y a diferenciar en todo tipo de relatos y obras. Los mensajes e ideas generales traspasan cualquier concepto de personaje y se convierten en el espíritu de las historias y relatos humanos. Transformarlos es una tarea que probablemente sea imposible, puesto que redefinir un género o un arquetipo sería parecido a ir en contra de aquello que nos parece intuitivo, empático e incluso humano. ¿Cómo podemos transformar algo que parece inamovible para convertirlo en algo original? Tal vez la clave esté en admitir que nada es original, pero que puede ser innovador. Difícil, pero no imposible.

Innovar dentro de un género no implica redefinir lo que conforma una historia. Innovar es buscar esa tangente que parece demasiado fina como para distinguirla dentro de los incontables hilos que desprende una historia. La fibra innovadora se parece a muchos de los hilos, pero tiene algo que la hace particular o diferente. La tangente tal vez no posea lo suficiente como para convertirse en algo completamente nuevo, pero si será capaz de darle nueva vida a algo que se considera rígido o estricto.

Los arquetipos y estereotipos viven en lo más profundo de nuestras mentes, no hay manera de evitarlos, pero podemos estar conscientes de su existencia y de su influencia y, una vez que estamos conscientes de ellos, es cuando podemos usarlos a nuestro favor. Es así como el proceso de creación se convierte en uno de innovación; un proceso que no busca la originalidad solo por el hecho de resaltar, sino por el hecho de dar una nueva perspectiva a lo que ya parecía estar grabado en piedra.

Hoy vemos una cantidad extraordinaria de refritos, desde el cine hasta la música, pareciera que el espíritu de innovación se pierde jugando a lo seguro, a lo que genera nostalgia y, para bien o para mal, la nostalgia vende. Pero, si hay algo que supera a la nostalgia, es la empatía. El público ansía conectar con héroes, líderes y villanos; ya no desean consumir personajes planos, al contrario, buscan identificarse con personajes extremos, que lleven sus ideales al límite y que les generen sentimientos, no importa cuáles sean. Innovar se ha convertido en una tarea desafiante, puesto que llevar al extremo un concepto trae grandes riesgos de caer en excesos.

Plasmar una idea y dejar que llegue al exceso puede resultar peligroso y abrumador, puesto que la historia y todo lo que la conforma puede diluirse por completo en medio de perspectivas, políticas y opiniones. La sencillez es clave, más no es fácil de obtener en medio de todo el ruido mediático del mundo actual. En un mundo en donde los refritos o “remakes” atentan contra la innovación, son los personajes más humanos los que terminan siendo el centro de atención.

Las historias con mensajes empáticos que conectan con el público en general son aquellas que terminan siendo los nuevos referentes sin importar el género o el contexto en el que se desarrollen. Tal vez la originalidad y la auténtica innovación yacen en esos pequeños detalles que definen nuestra experiencia como humanos, esos que, aunque sean ínfimos, nos inspiran a perseguir cosas más grandes.

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