En 1926, Aarón Joaquín González fundó en Guadalajara la iglesia La Luz del Mundo, asegurando haber recibido una revelación divina. Lo que comenzó como una pequeña comunidad pronto creció hasta convertirse en una organización religiosa con enorme influencia social, económica y política.
Con el tiempo, los terrenos que hoy albergan la colonia Hermosa Provincia —donde se ubica su templo principal— fueron donados por el gobierno de Jalisco, y la construcción, inaugurada en 1991, fue declarada más adelante patrimonio cultural del estado, símbolo de la fuerza que adquirió el movimiento.

Tras la muerte del fundador, el liderazgo pasó a su hijo Samuel Joaquín Flores, quien dirigió la iglesia por más de cinco décadas. Bajo su mando, la organización consolidó su presencia en México y el extranjero, y también se tejieron relaciones políticas estratégicas. Durante años, la Luz del Mundo fue cercana al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que le facilitó acceso a cargos públicos. Sus miembros llegaron a ocupar diputaciones federales y locales, regidurías en Guadalajara y hasta posiciones en el Congreso de Jalisco. Con el tiempo, la iglesia diversificó sus vínculos, apoyando a partidos como el PAN, el PRD y más recientemente a Movimiento Ciudadano, siempre con la mira en proteger sus intereses.
El poder político iba de la mano con el económico. Bajo la dirección de Samuel Joaquín, el diezmo obligatorio —10% de los ingresos de cada fiel— se convirtió en una fuente millonaria de financiamiento. Además, la iglesia acumuló propiedades en México y el extranjero, desde residencias de lujo hasta terrenos, negocios y haciendas.
El dinero es otro pilar de la fortaleza de la Luz del Mundo. El diezmo obligatorio, era exigido con férrea disciplina. Para los fieles, no darlo era un pecado que los alejaba de la gracia; para los líderes, significaba ingresos millonarios que financiaron templos monumentales, flotas de vehículos de lujo y propiedades en México, Estados Unidos y Europa. Se calcula que el patrimonio de la familia Joaquín supera los cientos de millones de dólares, con fincas, residencias y negocios vinculados a la organización.

En Guadalajara, el templo principal —erigido como una catedral blanca en la colonia Hermosa Provincia— es considerado el símbolo visible del poder económico y espiritual de la iglesia. Pero fuera de esos muros, también se levantan mansiones y haciendas donde los dirigentes han vivido rodeados de lujos, mientras miles de feligreses permanecen en condiciones modestas, convencidos de que sus sacrificios materiales los acercan al cielo.
Este esquema se mantuvo con Naasón Joaquín García, nieto del fundador, quien asumió el liderazgo en 2014 y pronto enfrentó el derrumbe de la imagen de santidad que la familia había construido durante décadas.

En 2019, Naasón fue detenido en California acusado de 26 delitos, entre ellos abuso sexual de menores, producción de pornografía infantil, violación y trata de personas. El fiscal general de California, Xavier Becerra, fue quien presentó los cargos iniciales, describiendo a Naasón como el líder de una red que explotaba sistemáticamente a jóvenes dentro de la iglesia. En 2022, el líder aceptó cargos de abuso sexual a menores y fue condenado a 16 años y 8 meses de prisión, aunque nuevas acusaciones han surgido en tribunales de Estados Unidos y México, lo que amenaza con prolongar sus procesos legales.
Las investigaciones derivaron también en el aseguramiento de propiedades ligadas a la familia Joaquín. En Jalisco, se incautaron fincas y residencias en Tlajomulco y en zonas residenciales de Guadalajara, mientras que en Baja California y la Ciudad de México se identificaron inmuebles utilizados como casas de descanso y centros de reunión. En Estados Unidos, se rastrearon propiedades en Texas y California, desde mansiones hasta vehículos de lujo vinculados a la red de colaboradores de Naasón. La magnitud del patrimonio acumulado contrasta con la vida modesta de muchos fieles que entregaban parte de sus salarios bajo la promesa de bendiciones espirituales.

El modus operandi revelado por las víctimas describe coerción disfrazada de fe. Muchas jóvenes eran seleccionadas para “servir al apóstol”, en realidad sometidas a abusos bajo amenazas y presiones religiosas. Las familias eran convencidas de que entregar a sus hijas era un acto de lealtad hacia Dios. Los testimonios coinciden en que la cúpula de la iglesia operaba como un círculo cerrado de protección, donde nadie podía cuestionar ni denunciar.
A pesar de la condena de su líder, la iglesia asegura contar con cinco millones de fieles en más de 50 países, con templos en América Latina, Europa y Estados Unidos. Sus ceremonias en Guadalajara, como la Santa Cena celebrada cada agosto, siguen atrayendo a miles de personas que llenan la Hermosa Provincia en actos masivos de fe, defendiendo a sus líderes como víctimas de persecución religiosa.
La doble cara de la Luz del Mundo es evidente: por un lado, una estructura religiosa con millones de seguidores que se identifican con su fe y sus prácticas; por otro, un emporio económico y político que utilizó su poder para encubrir abusos y garantizar impunidad. Sus vínculos con gobiernos y partidos, así como la declaración de su templo como patrimonio cultural, muestran cómo la organización logró legitimarse a lo largo de casi un siglo.

El caso de Naasón Joaquín abrió una grieta en esa fortaleza. La condena en California y los testimonios de decenas de víctimas expusieron un sistema de abuso sistemático que operaba desde el corazón de la iglesia. Las investigaciones sobre sus bienes revelaron un mundo de lujos que contrasta con el sacrificio económico de sus fieles.
Hoy, La Luz del Mundo sigue en pie, pero manchada por los señalamientos. Entre templos, mansiones y cargos políticos, la historia de la iglesia es un reflejo de cómo la fe puede ser usada como un mecanismo de control y poder. La dinastía Joaquín, que se erigió como guía espiritual de millones, enfrenta ahora la sombra de la justicia, mientras sus seguidores aún creen que su “apóstol” es inocente y esperan su regreso como si nada hubiera pasado.

Interesante, pero nunca se detalla la fuente o prueba de que el fraccionamiento del terreno dónde está la colonia Hermosa Provincia fuese donación del Ayuntamiento. Se ha mencionado otras veces, sin contar por qué o cómo y quién con concedió el predio.