Martes 08 de Septiembre de 2026
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El Zapotillo, presa que no da agua

A dos años de su inauguración, ocurrida el 17 de agosto de 2024, la presa El Zapotillo permanece como una de las grandes paradojas de la infraestructura hidráulica de Jalisco: está construida, tiene agua almacenada y forma parte de un sistema de acueductos terminado en buena medida, pero el proyecto todavía no consigue convertirse en una fuente efectiva de abastecimiento para Guadalajara. La promesa original de poner en marcha el sistema para atender a más de un millón de habitantes quedó incompleta y ahora se requiere una nueva etapa de inversiones, obras y varios años de trabajo.

El costo acumulado de El Zapotillo ya ronda los 37 mil millones de pesos, una cifra muy superior a los presupuestos con los que fue concebido el proyecto. Y la cuenta todavía no termina. Para que el agua pueda integrarse de manera efectiva al sistema de abasto metropolitano se necesitan nuevas obras de infraestructura eléctrica, conducción, distribución y potabilización. Las estimaciones más recientes colocan las obras pendientes directamente relacionadas con El Zapotillo en alrededor de 15 mil millones de pesos.

El contraste con el proyecto original explica buena parte del problema. En 2005, durante el gobierno de Vicente Fox, El Zapotillo fue planteado como una gran obra para aprovechar las aguas del río Verde y abastecer simultáneamente a León, Guanajuato; los Altos de Jalisco y Guadalajara. El diseño contemplaba una cortina de aproximadamente 105 metros y un almacenamiento cercano a 900 millones de metros cúbicos. El sistema debía transportar agua mediante un acueducto de alrededor de 140 kilómetros hacia Guanajuato y aportar aproximadamente tres metros cúbicos por segundo a la zona metropolitana de Guadalajara.

Ese proyecto terminó atrapado entre decisiones técnicas, litigios y la resistencia de las comunidades que serían inundadas. Temacapulín, Acasico y Palmarejo se opusieron durante años a la elevación de la cortina y a la desaparición de sus poblados. La solución adoptada finalmente por la Federación fue modificar la presa mediante seis ventanas vertedoras que permiten controlar el nivel del embalse y evitar la inundación de las comunidades. El precio de esa solución fue una reducción drástica del almacenamiento: de cientos de millones de metros cúbicos contemplados originalmente, la presa quedó con una capacidad de alrededor de 46 millones de metros cúbicos.

El nuevo sistema fue presentado en 2024 como una solución integral: El Zapotillo, el acueducto El Zapotillo-El Salto y el acueducto El Salto-La Red-Calderón. El primero tiene una longitud aproximada de 21 kilómetros y capacidad para conducir hasta dos metros cúbicos por segundo; el segundo tiene alrededor de 38.7 kilómetros y capacidad de hasta tres metros cúbicos por segundo. La expectativa oficial era que, una vez completado el conjunto, Guadalajara recibiera hasta 3 mil litros por segundo.

Pero el sistema quedó a medio camino entre la inauguración política y la operación hidráulica completa. En febrero de 2024 comenzó a operar el tramo El Salto-La Red-Calderón con una aportación inicial de aproximadamente mil litros por segundo, y las autoridades anunciaron que posteriormente se alcanzarían los 3 mil litros por segundo. Sin embargo, dos años después de la inauguración formal de El Zapotillo, el agua almacenada en la presa todavía no puede ser aprovechada plenamente para abastecer a Guadalajara. La infraestructura construida no constituye, por sí misma, una ruta completa hasta las plantas potabilizadoras y redes de distribución de la ciudad.

Las obras pendientes pueden dividirse en tres grandes frentes. El primero corresponde a la Federación: infraestructura eléctrica y trabajos vinculados con el sistema de bombeo de El Zapotillo, además de obras necesarias para que el agua pueda ser impulsada y conducida. La estimación anunciada recientemente coloca este paquete en aproximadamente 5 mil millones de pesos. El objetivo es resolver uno de los principales cuellos de botella que han impedido utilizar plenamente la infraestructura construida. La Federación tendrá que concretar el financiamiento, los proyectos ejecutivos y la ejecución de estas obras antes de que el sistema pueda funcionar a su capacidad prevista.

El segundo frente corresponde a Jalisco. El gobierno estatal tendrá que resolver la infraestructura que recibe, potabiliza y distribuye el agua que llegue desde el sistema El Zapotillo-El Salto. Uno de los principales problemas está en la capacidad para transportar mayores volúmenes desde la presa Elías González Chávez, conocida como Calderón, hacia la Planta Potabilizadora número 3 de San Gaspar y en la capacidad de esta instalación para procesar un mayor caudal. Las estimaciones difundidas colocan en aproximadamente 6 mil 800 millones de pesos la construcción de un nuevo acueducto y en unos 3 mil millones la ampliación de la potabilizadora.

El tercer frente es el calendario. El problema ya no consiste solamente en conseguir dinero: todavía hay que terminar proyectos ejecutivos, validar esquemas financieros, liberar derechos de vía, contratar las obras, construirlas, instalar equipos y realizar pruebas. Las estimaciones oficiales más recientes hablan de entre dos años y medio y tres años para concluir algunas de las nuevas infraestructuras hidráulicas. En otras palabras, si los trabajos avanzan conforme al calendario planteado durante 2026, el sistema no estaría plenamente integrado sino hasta aproximadamente 2029.

La paradoja financiera es todavía mayor cuando se observa el costo acumulado. A los 37 mil millones de pesos ya gastados habría que sumar aproximadamente 5 mil millones de infraestructura federal y alrededor de 9 mil 800 millones de pesos para el acueducto y la ampliación de la infraestructura potabilizadora. Con esos números, la cuenta de El Zapotillo y sus obras indispensables podría superar los 51 mil millones de pesos. La cifra final dependerá de qué infraestructura se contabilice directamente dentro del sistema, pero en cualquier escenario la obra terminará muy lejos de las previsiones originales.

El problema también exhibe otra contradicción: incluso después de invertir miles de millones adicionales, el volumen de agua que realmente podrá incorporarse al sistema podría ser menor al anunciado en 2024. Una estimación reciente señala que las obras complementarias permitirían que El Zapotillo aporte aproximadamente entre 1.3 y 1.5 metros cúbicos por segundo al sistema, y no necesariamente los tres metros cúbicos por segundo que se habían planteado. Eso equivale a entre mil 300 y mil 500 litros por segundo, una diferencia considerable frente a la expectativa inicial.

Así, El Zapotillo se convirtió en una obra que ha tenido varias vidas y varios presupuestos. Nació como un proyecto de gran escala para almacenar cientos de millones de metros cúbicos y abastecer a tres regiones; después fue reducido para proteger a las comunidades; posteriormente fue presentado como parte de un sistema capaz de entregar 3 mil litros por segundo a Guadalajara; y ahora, dos años después de su inauguración, necesita otra ronda de inversiones para que el agua pueda recorrer completamente el camino desde la presa hasta la ciudad.

La historia de El Zapotillo deja finalmente una pregunta incómoda: ¿cuánto habrá costado realmente cada litro de agua cuando el sistema llegue a operar de manera integral? La presa ya tiene dos años de inaugurada, está ahora cubierta de lirio y Guadalajara todavía espera que se complete la cadena de infraestructura que permita aprovecharla.

Lo que originalmente se presentó como una solución para incorporar una nueva fuente de abastecimiento terminó convirtiéndose en un proyecto por etapas, con obras pendientes, nuevos presupuestos y un horizonte de hasta tres años más. Mientras tanto, la ciudad continúa dependiendo de sus fuentes actuales y enfrenta una presión hídrica que hace cada vez más costoso el retraso de cualquier nueva infraestructura.

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