Guadalajara se prepara para recibir partidos de la Copa Mundial de Futbol de 2026 en medio de una amenaza que no aparece en las campañas promocionales ni en los discursos oficiales: la lluvia.
Los encuentros programados para junio coincidirán con el inicio del temporal más intenso en Jalisco, una época históricamente marcada por tormentas eléctricas, inundaciones urbanas y caos vial. Mientras la FIFA y las autoridades estatales presumen modernización e infraestructura, especialistas advierten que la ciudad llegará al torneo sin una estrategia clara para enfrentar un “mundial pasado por agua”.

Junio representa tradicionalmente el arranque de la temporada de lluvias en la zona metropolitana de Guadalajara. En pocos minutos pueden caer tormentas capaces de paralizar avenidas completas, colapsar pasos a desnivel y provocar inundaciones severas. El problema se agrava porque varios de los partidos se celebrarán en horarios vespertinos o nocturnos, precisamente cuando suelen registrarse las lluvias más fuertes derivadas del calentamiento acumulado durante el día.
El principal escenario mundialista será el Estadio Akron, ubicado en una de las zonas con mayores problemas de accesibilidad vial durante tormentas. El inmueble depende prácticamente de corredores específicos como avenida Vallarta, carretera a Nogales y Periférico Poniente, rutas que históricamente presentan saturación vehicular incluso sin eventos masivos. Con decenas de miles de aficionados intentando entrar o salir simultáneamente, cualquier tormenta podría convertir los trayectos en horas de embotellamiento.

Las autoridades estatales han invertido en imagen urbana, iluminación y obras alrededor del estadio, pero especialistas en movilidad consideran insuficientes las medidas frente a fenómenos meteorológicos severos. Hasta ahora no se ha presentado públicamente un protocolo integral que contemple evacuaciones masivas bajo tormenta, rutas alternas por inundaciones o esquemas extraordinarios de transporte colectivo para contingencias climáticas.
Los riesgos no son menores. Muy cerca del estadio existen puntos recurrentes de inundación y colapso vial. El Periférico Poniente suele registrar largos estancamientos de agua en diversos tramos, mientras que avenida Vallarta presenta problemas constantes de tráfico cuando llueve intensamente. A ello se suman pasos a desnivel conflictivos como el de avenida Patria y Acueducto, así como zonas bajas cercanas a Mariano Otero y López Mateos, donde frecuentemente quedan vehículos atrapados.

En la zona metropolitana, las lluvias extremas han dejado escenas recurrentes de automóviles arrastrados, árboles caídos y avenidas convertidas en ríos. Sitios como Plaza del Sol, el nodo vial de López Mateos y Periférico, Washington, Gobernador Curiel y varios pasos deprimidos son históricamente vulnerables a inundaciones. Miles de turistas extranjeros podrían encontrarse con una ciudad parcialmente paralizada justo durante los días de partidos mundialistas.
El transporte público tampoco ofrece garantías suficientes. Aunque el sistema de Mi Macro y el Tren Ligero movilizan a cientos de miles de personas diariamente, la conexión directa hacia el estadio sigue siendo limitada. Muchos asistentes dependerán de automóviles particulares, taxis de plataforma o autobuses temporales. En caso de tormenta severa, la combinación entre saturación vehicular y calles inundadas podría generar enormes cuellos de botella antes y después de cada encuentro.
Otro factor crítico será la seguridad peatonal. Miles de aficionados caminarán largas distancias entre estacionamientos, rutas de transporte y accesos al estadio. Durante lluvias intensas, banquetas insuficientes, falta de drenaje y corrientes de agua en vialidades pueden incrementar el riesgo de accidentes. Incluso zonas comerciales cercanas al estadio suelen sufrir acumulaciones de agua y caos vehicular durante tormentas de verano.

Meteorólogos recuerdan además que los temporales en Guadalajara se han vuelto más intensos en años recientes debido a fenómenos climáticos extremos y expansión urbana desordenada. La impermeabilización del suelo, la reducción de áreas naturales y el crecimiento acelerado de la ciudad han empeorado el comportamiento de escurrimientos pluviales. Cada año, tormentas relativamente breves provocan daños millonarios y severas afectaciones a la movilidad.
A poco tiempo del Mundial, persiste la sensación de que el tema climático quedó fuera de la planeación central del evento. Las autoridades han privilegiado la promoción turística y la narrativa internacional del torneo, pero sin explicar cómo enfrentarán lluvias torrenciales, inundaciones y colapsos viales en una ciudad históricamente vulnerable al temporal.
Guadalajara aspira a mostrarse ante el mundo como sede global del futbol, aunque junio podría recordarle a millones de visitantes que también es una ciudad donde la lluvia puede detenerlo todo.
