“Pueblo Quieto” y el tren
SIN PEDIR AUDIENCIA
Por Carlos Martínez Macías (*)
“La ironía fue quien bautizó a este lugar. Se llama Pueblo Quieto, pero ni es pueblo, ni está quieto”.
Así iniciaba el reportaje sobre este sitio de Guadalajara que escribí a finales de la década de los ochenta en el extinto diario Ocho Columnas. Encontré un lugar inexplicable: una manzana podrida junto a una de las zonas residenciales más tradicionales de la metrópoli, Jardines del Bosque.
Era un caserío que comenzó a asentarse a finales de los setentas, cuando algunos de los llamados “trampas”, viajeros del tren que cruza por el lugar, inundaron un terreno baldío abandonado. Fueron levantadas frágiles paredes de cartón y techos de lámina, con callejones que serpenteaban entre banquetas, machuelos y el pavimento de una cal...









