Martes 13 de Octubre de 2026
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¿De dónde viene el “agua puerca”?

La mala calidad del agua que llega a las viviendas de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) no puede explicarse por una sola presa ni por un único punto de contaminación. Detrás del líquido turbio, los malos olores y las quejas de los usuarios existe una cadena de problemas que comienza en las cuencas que abastecen a la ciudad, pasa por ríos, embalses y canales contaminados, y continúa en la infraestructura de potabilización y distribución.

La presa de Las Pintas, señalada recurrentemente por habitantes y especialistas como uno de los focos del problema, se encuentra en medio de esa discusión: ¿es el origen de la contaminación o un sitio donde se acumula la suciedad que llega desde otros lugares?

El problema adquiere mayor dimensión cuando se considera que Guadalajara depende de varias fuentes de abastecimiento, cada una con condiciones ambientales diferentes. El lago de Chapala es la principal reserva superficial; la presa Calderón aporta agua desde el sistema del río Verde; y los pozos profundos complementan el suministro.

A estas fuentes se suma la infraestructura de conducción, almacenamiento y potabilización que opera el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA). La calidad final depende tanto de la condición del agua en su origen como del funcionamiento de las plantas, el mantenimiento de las redes y la prevención de nuevas contaminaciones durante el recorrido hasta los hogares.

La primera pieza de esta historia está en el llamado Sistema Antiguo de Abastecimiento de Chapala, una infraestructura que comenzó a operar en la década de 1950 y que todavía conduce agua por canales abiertos durante buena parte de su trayecto.

El recorrido se extiende aproximadamente 92.5 kilómetros desde la región de Ocotlán, pasa por el canal de Atequiza, atraviesa el canal de Las Pintas y llega a la planta potabilizadora número 1, ubicada en Miravalle.

De acuerdo con estimaciones publicadas en octubre de 2026, este sistema aporta alrededor de 2.36 metros cúbicos por segundo, equivalentes a cerca del 19 por ciento del suministro metropolitano. La antigüedad de la infraestructura y su exposición al entorno la convierten en un punto vulnerable.

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El problema es que un canal abierto no ofrece las mismas condiciones de protección que una conducción cerrada. A lo largo de decenas de kilómetros, el agua queda expuesta a residuos, descargas, escurrimientos y actividades humanas que pueden alterar su calidad.

En marzo de 2026, el SIAPA reconoció un deterioro significativo del agua superficial que ingresaba al canal de Las Pintas desde diciembre de 2025. El organismo identificó entradas de caudales con características de aguas residuales en diversos puntos de Tlajomulco de Zúñiga, entre ellos Capulín, El Guayabo, El Zapote, La Carreta, El Edén, La Teja y el vaso regulador Adolfo Horn. El hallazgo apuntó a un problema que no podía atribuirse únicamente al embalse situado al final del recorrido.

La presa de Las Pintas, ubicada entre los municipios de San Pedro Tlaquepaque y El Salto, se convirtió en uno de los principales focos de atención porque recibe el agua que circula por este sistema y también está expuesta a las condiciones de su entorno. La acumulación de lirio, basura y maleza acuática, el azolve y la reducción de áreas del vaso por rellenos irregulares han sido señalados entre los factores que agravan su deterioro.

A ello se suman denuncias por descargas de aguas residuales provenientes de zonas habitacionales y establecimientos industriales. Cuando un embalse pierde capacidad hidráulica y acumula materia orgánica y residuos, su recuperación se vuelve más compleja y costosa.

La preocupación no se limita a la apariencia del agua. El 1 de mayo de 2026, la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco emitió la recomendación 10/2026 por la contaminación y la falta de acciones de conservación de la presa.

El documento abordó posibles afectaciones al derecho al agua potable, al saneamiento, a la salud y a un medio ambiente sano, además de señalar la necesidad de atender las descargas y los problemas de ordenamiento territorial. La recomendación representa un señalamiento institucional sobre la gravedad del deterioro ambiental; sin embargo, no significa que se haya demostrado que toda el agua de la ciudad esté contaminada por una sola causa.

La dimensión del problema quedó más clara durante octubre de 2026, cuando volvieron a multiplicarse los reportes de agua amarillenta, olores desagradables y desconfianza entre los usuarios. El SIAPA y el Gobierno de Jalisco anunciaron investigaciones sobre posibles descargas irregulares en el entorno de Las Pintas, así como acciones para limpiar y sanear el embalse y el canal que lo alimenta.

Vecinos de la zona describieron olores intensos y agua con apariencia contaminada. Sus testimonios son una señal de alarma, aunque para establecer el origen de cada contaminante y el riesgo sanitario se necesitan resultados de laboratorio, identificación de las descargas y seguimiento de las muestras.

Pero existe otra parte del problema que no puede quedar fuera del reportaje: lo que ocurre después de que el agua abandona la presa. El destino del caudal que circula por el Sistema Antiguo es la planta potabilizadora número 1 de Miravalle, construida en 1956 y ampliada en 1978. Su función es tratar el agua antes de incorporarla a la red de distribución.

Si la materia orgánica, los sólidos suspendidos o los contaminantes que recibe rebasan las condiciones para las que está preparado el proceso, el tratamiento enfrenta mayores exigencias. Eso obliga a revisar tanto la calidad del agua cruda como la capacidad operativa de la planta, sus procesos de desinfección y la vigilancia posterior del líquido.

Las auditorías realizadas por el propio organismo revelaron que las anomalías no se limitaban al agua que entra por Las Pintas. Una revisión del Órgano Interno de Control, basada en muestras tomadas entre agosto y septiembre de 2025, encontró irregularidades en 141 puntos examinados: 72 correspondían a turbiedad, 51 a color verdadero, 15 a presencia de coliformes fecales y otros a distintos parámetros.

En 15 tanques de almacenamiento se identificaron contaminantes fuera de los límites establecidos, incluidos casos de plomo, nitrógeno amoniacal, manganeso y fluoruros. También hubo incumplimientos en muestras tomadas en domicilios. Estos resultados muestran que la vigilancia debe abarcar todo el sistema, desde las fuentes hasta las llaves de los usuarios.

Los datos microbiológicos merecen especial atención. En su informe anual de 2025, el SIAPA registró 16 mil 862 muestras de agua tomadas en domicilios y analizadas en laboratorio. Una revisión de ese informe reportó 17 casos con bacterias fecales por encima de los límites permitidos. La presencia de estos microorganismos puede indicar contaminación por materia fecal y exige investigar tanto el proceso de desinfección como posibles recontaminaciones en tanques y tuberías.

No es correcto concluir que todas las viviendas recibieron agua contaminada, pero tampoco puede minimizarse el hallazgo: el agua destinada al consumo humano debe cumplir los parámetros sanitarios en el punto de entrega, no solamente al salir de una planta.

La red de distribución constituye, por tanto, otra posible pieza de la explicación. Una tubería deteriorada, una fuga, una caída de presión o un tanque con mantenimiento deficiente pueden facilitar el ingreso de contaminantes después del tratamiento. En una ciudad que depende de infraestructura construida durante distintas épocas, la supervisión de las plantas no basta si no se garantiza la integridad de los sistemas de almacenamiento y conducción.

El hecho de que una auditoría haya encontrado irregularidades en distintos puntos obliga a distinguir entre la contaminación que llega desde las fuentes superficiales, los fallos que pudiera presentar la potabilización y las alteraciones que aparecen durante la distribución. Cada escenario requiere medidas correctivas diferentes.

La pregunta central, entonces, no es solamente si la presa de Las Pintas está contaminada, sino quién permitió que las descargas llegaran hasta ella, qué controles fallaron y cómo se garantizó que el agua afectada no comprometiera el suministro. La recomendación de derechos humanos y las investigaciones anunciadas colocan responsabilidades sobre distintas autoridades, según sus atribuciones en materia de agua, saneamiento, medio ambiente y ordenamiento territorial.

Para establecer responsabilidades concretas hacen falta resultados públicos de los análisis, identificación de los responsables de las descargas, inspecciones documentadas y sanciones cuando procedan. Limpiar el lirio o retirar la basura puede mejorar las condiciones del embalse, pero no resuelve el problema si las aguas residuales siguen entrando.

El reto para Guadalajara es evitar que la atención pública se concentre únicamente en el color y el olor del agua. Esas características son motivos legítimos de alarma, pero no permiten determinar por sí solas si un líquido es potable ni identificar qué sustancias contiene.

La respuesta debe incluir monitoreo independiente y periódico, publicación de resultados por colonia, inspecciones en los puntos señalados de Tlajomulco, Tlaquepaque y El Salto, saneamiento del canal y de la presa, y una revisión rigurosa del desempeño de las plantas y de la red. Mientras no se eliminen las descargas y se compruebe que el agua cumple la norma, la desconfianza ciudadana seguirá siendo una consecuencia inevitable.

Al final, la presa de Las Pintas no puede convertirse en el chivo expiatorio de una crisis más amplia. Es un punto crítico de un sistema antiguo que conduce agua a cielo abierto, recibe aportaciones contaminantes y desemboca en una planta que debe garantizar un tratamiento eficaz antes de distribuirla.

Las cifras de las auditorías, los señalamientos de derechos humanos y las denuncias de los habitantes obligan a una investigación que vaya más allá de las explicaciones circunstanciales. La ciudad necesita saber de dónde viene la contaminación, quién la genera y qué medidas impiden que se repita. Porque el problema no termina cuando el agua llega a una planta: termina únicamente cuando el líquido que sale de la llave es seguro y cumple las condiciones para el consumo humano.

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