Los vehículos personales de vuelo dejaron de ser una fantasía de la ciencia ficción para convertirse en una realidad experimental. Aunque todavía no están al alcance del consumidor promedio, en distintos países ya existen prototipos funcionales capaces de elevar a una persona mediante turbinas a reacción o sistemas eléctricos de rotores. Empresas de Reino Unido, Estados Unidos, Suecia, Polonia, Nueva Zelanda y Francia encabezan una carrera tecnológica que busca desarrollar equipos de despegue y aterrizaje vertical para uso recreativo, rescate, aplicaciones militares y, eventualmente, transporte personal.

Entre los desarrollos más conocidos figura el Jet Suit de la empresa británica Gravity Industries, impulsado por microturbinas alimentadas con combustible de aviación. El traje incorpora cinco o más turbinas distribuidas entre la espalda y los brazos, puede alcanzar velocidades cercanas a los 130 kilómetros por hora y realizar vuelos de entre cuatro y ocho minutos, dependiendo de la carga de combustible. Debido a su complejidad y al elevado consumo energético, actualmente se utiliza principalmente para exhibiciones, entrenamiento especializado y pruebas con cuerpos militares y de rescate, más que como un producto de consumo masivo.

En Estados Unidos, JetPack Aviation ha desarrollado la familia de mochilas propulsadas JB, mientras que Martin Aircraft, originalmente de Nueva Zelanda, impulsó uno de los primeros programas comerciales de este tipo. Aunque estos proyectos demostraron que el vuelo individual es técnicamente posible, los elevados costos operativos, las estrictas regulaciones aeronáuticas y las limitaciones de autonomía han impedido su comercialización a gran escala. La mayoría de estos equipos apenas puede mantenerse en el aire durante unos cuantos minutos y requiere pilotos altamente entrenados.
Una alternativa que ha cobrado mayor impulso son los vehículos eléctricos personales de despegue vertical (eVTOL). El caso más avanzado es el Jetson ONE, desarrollado por la empresa sueca Jetson, fundada por el inventor polaco Tomasz Patan. Este aparato emplea ocho motores eléctricos y una estructura ultraligera de aluminio y fibra de carbono. Puede alcanzar velocidades de hasta 102 kilómetros por hora, transportar a un piloto de hasta 95 kilogramos y mantenerse en vuelo alrededor de 20 minutos. La empresa ya acepta pedidos para entregas programadas hacia 2028, reflejo de que la demanda supera la capacidad actual de producción.

Los precios siguen siendo uno de los principales obstáculos para su adopción. Un traje de Gravity Industries tiene un costo cercano a las 350 mil libras esterlinas —equivalente a más de 450 mil dólares— e incluye entrenamiento especializado debido al alto riesgo de operación. Por su parte, el Jetson ONE se comercializa, según la configuración y el mercado, entre aproximadamente 100 mil y 150 mil dólares, mientras que otros distribuidores ofrecen versiones con equipamiento adicional por montos superiores. A estas cifras deben sumarse seguros, capacitación, mantenimiento y el cumplimiento de las normas aeronáuticas de cada país.
Los especialistas coinciden en que la comercialización masiva de estos equipos aún tardará varios años. El principal desafío continúa siendo la limitada autonomía de vuelo, ya que las baterías actuales almacenan mucha menos energía que los combustibles líquidos y las microturbinas consumen grandes cantidades de combustible en pocos minutos. A ello se añaden las exigencias de seguridad, certificación y control del espacio aéreo. Si las mejoras en baterías de alta densidad, materiales ultraligeros y sistemas automáticos de navegación mantienen el ritmo actual, la próxima década podría marcar el inicio de un mercado más amplio para este tipo de aeronaves personales, aunque inicialmente seguirán orientadas a usuarios especializados y de alto poder adquisitivo.
