El Manual de Seguridad de la Federation Internationale de Football Association (FIFA) es un documento técnico y operativo que establece los estándares mínimos y mejores prácticas que todas las ciudades sede del Mundial de Fútbol deben cumplir para garantizar la integridad de jugadores, comitivas oficiales, medios de comunicación y aficionados.
Aunque el texto varía ligeramente en cada edición de la Copa del Mundo, los pilares de seguridad son consistentes: gestión de multitudes, protección de instalaciones, coordinación con agencias de seguridad nacionales e internacionales, y protocolos de respuesta ante emergencias y actos de violencia o terrorismo.

Uno de los requisitos primordiales para que una ciudad pueda ser considerada como sede es la capacidad de implementar un plan de seguridad exhaustivo y demostrable. Esto incluye infraestructura de control de acceso en estadios, sistemas de video vigilancia perimetral, unidades de respuesta táctica, centros de mando y control, y redes de comunicación interoperables entre policías locales, federales y fuerzas especializadas.
También se exige que las autoridades demuestren la existencia de marcos legales y normativos vigentes que permitan la cooperación internacional en materia de seguridad deportiva.
El manual especifica capítulos y cláusulas que se vuelven condiciones innegociables. Entre estos, figuran los protocolos de evaluación de riesgo, que deben actualizarse periódicamente y considerar amenazas como disturbios masivos, terrorismo, sabotaje cibernético a sistemas de control y amenazas híbridas.
Otra sección crítica es la seguridad perimetral de los estadios, que exige doble cordón de control, detección de explosivos y entrenamiento especializado para el personal de seguridad, con simulacros de respuesta ante escenarios de crisis.

Más allá de las sedes mismas, el manual aborda la protección de los desplazamientos de jugadores y comitivas oficiales, incluyendo corredores seguros entre hoteles, campos de entrenamiento y estadios. Los servicios médicos y de emergencia deben tener capacidades acreditadas, así como planes de evacuación coordinados con aeropuertos y hospitales de alta especialización, con un estándar de respuesta global que incluya traducción simulada y atención multilingüe.
La planificación de seguridad también contempla la gestión de “fan zones” y áreas públicas de transmisión en vivo, donde miles de personas se congregan fuera de los estadios. Aquí, el enfoque está en la prevención de avalanchas, la coordinación de tránsito peatonal y el control de accesos mediante boletos electrónicos y tecnología RFID para minimizar la posibilidad de aglomeraciones peligrosas.
La FIFA mantiene un sistema de evaluación continua del cumplimiento de estos protocolos y ha sido firme en establecer que una ciudad puede perder su condición de sede si no cumple con estándares mínimos en determinados capítulos. Entre las causas de descalificación se encuentra incapacidad para implementar plan de seguridad integral, ausencia de infraestructura de control, órganos de mando y control no operativos, o incapacidad para mitigar amenazas específicas identificadas por agencias internacionales.

Históricamente, el Mundial ha visto casos donde sedes o candidaturas han sido reconsideradas por cuestiones de seguridad. Por ejemplo, antes del Mundial 2010 en Sudáfrica, hubo presiones para retirar Cape Town como sede debido a preocupaciones por crímenes violentos en áreas adyacentes, lo que obligó a reforzamientos masivos de seguridad urbana.
También en el proceso de candidaturas del Mundial 2022, varios países evaluados enfrentaron amenazas regionales que derivaron en estrictas revisiones de escenarios de riesgo, si bien finalmente conservaron sus sedes tras garantías adicionales de seguridad.
En el caso de Guadalajara, uno de las tres ciudades sedes del Mundial 2026, las autoridades deben demostrar que los casos de violencia ocurridos hace unos días y los reportados en años recientes, no representan un riesgo para el torneo. La evaluación se basa no solo en estadísticas de incidencia delictiva, sino en la capacidad real de respuesta de las fuerzas de seguridad públicas y privadas, interoperabilidad con inteligencia federal y protocolos de alerta temprana que integren a las comunidades.

La seguridad global del Mundial 2026 también se tensiona por la coyuntura internacional. Con la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán en 2026, incluyendo el inicio de acciones bélicas por parte de Washington en respuesta a agresiones regionales, la amenaza de terrorismo y ataques a visitantes en las sedes de ese país, ha colocado en un nivel de atención elevado.
Para la FIFA y los gobiernos anfitriones, el desafío es calibrar planes de seguridad de carácter deportivo con escenarios de riesgo geopolíticos, incluyendo la protección de aeropuertos, zonas de entrenamiento y “fan zones” que podrían ser objetivo de ataques.
Los costos de implementar estos protocolos son significativos. Solo en infraestructura tecnológica, formación de agentes, logística de mando y sistemas de inteligencia se estiman inversiones superiores a 800 millones de dólares en las 16 ciudades sede de Estados Unidos y Canadá, cifras que podrían aumentar con los requisitos específicos de México. Parte de esta inversión proviene de fondos públicos, pero también del sector privado, que colabora mediante alianzas para asegurar estadios, servicios médicos y tecnología de comunicación.

Así, el Mundial de Fútbol 2026 se presenta no solo como el evento deportivo más grande del planeta, sino también como uno de los más complejos en materia de seguridad.
La experiencia acumulada por la FIFA en ediciones anteriores —incluyendo la modernización de protocolos tras atentados globales y disturbios masivos— constituye una guía, pero la ejecución final recae en las autoridades locales y nacionales que deben demostrar que pueden garantizar la integridad de todos los involucrados, desde los aficionados que viajen miles de kilómetros hasta los equipos que disputarán cada partido bajo la mirada del mundo.
