Viernes 6 de Marzo de 2026
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El turismo espacial en la luna

Los viajes a la Luna han dejado de ser un recuerdo exclusivo de la Guerra Fría para volver al centro de la conversación científica y tecnológica. Tras las misiones Apolo que llevaron a 12 astronautas a la superficie lunar entre 1969 y 1972, durante décadas el satélite natural quedó fuera de los planes inmediatos. Hoy, sin embargo, agencias espaciales y empresas privadas han reactivado el interés por regresar, no solo para exploración científica, sino como parte de una estrategia de presencia humana permanente fuera de la Tierra.

En el corto plazo, el regreso a la Luna está impulsado principalmente por programas gubernamentales como Artemis, que busca establecer bases temporales y estudiar los recursos lunares, en especial el hielo de agua en el polo sur. Estas misiones sentarán las bases tecnológicas para estancias más largas y seguras, pero siguen siendo operaciones altamente complejas, costosas y reservadas a astronautas entrenados.

Luna Express, una empresa de Estados Unidos, logró tener la aprobación de la Agencia Federal de Aviación (FAA) de este país para realizar vuelos y aterrizar en la superficie lunar.

Por ahora la intención es realizar exploraciones del satélite con sondas robotizadas, y llevar cenizas de personas que han pedido ser enterradas en la Luna. Pero los expertos dicen que este puede ser el primer paso para la explotación comercial y turística del astro.

Bob Richards, presidente de Luna Express, dijo que conseguir la aprobación fue un camino largo y complicado. La FAA tiene a su cargo las autorizaciones de los lanzamientos comerciales de cohetes en EEUU, y ha sido reconocida como la autoridad que supervisa las misiones privadas más allá de la órbita de la Tierra.

Para sus operaciones, la empresa contará con la asesoría de la NASA. Y es que, de acuerdo con el Tratado de 1967, Estados Unidos tiene una responsabilidad internacional para todos los vuelos espaciales realizados desde su territorio por entidades no gubernamentales nacionales.

Ya hay varias empresas que compiten por llevar turistas al espacio exterior, como Virgin Galactic y Space Expedition Corporation; aunque por ahora planean rodear la tierra a unos cien kilómetros de distancia, y ninguna planifica llevar a turistas a la Luna.

El aterrizaje de civiles en la superficie lunar es un escenario más lejano. Las condiciones extremas, como la radiación, las temperaturas que oscilan entre los 120 grados durante el día y los menos 170 por la noche, así como la baja gravedad, hacen que cualquier visita requiera infraestructura altamente especializada y protocolos de seguridad estrictos. Por ahora, la Luna no es un destino viable para el turismo masivo.

En cuanto a la posibilidad de construir un hotel en la Luna, los expertos coinciden en que técnicamente podría lograrse en el largo plazo, pero no en el futuro inmediato. Los proyectos más avanzados hablan de módulos habitables enterrados bajo la superficie para proteger a los ocupantes de la radiación y los micrometeoritos. Antes de pensar en hoteles, sería necesario consolidar estaciones científicas permanentes y sistemas confiables de abastecimiento, energía y evacuación.

Así, aunque la Luna podría recibir visitantes civiles en las próximas décadas, el turismo lunar será, al menos por mucho tiempo, una experiencia exclusiva, experimental y de altísimo costo. Más que un destino vacacional, la Luna se perfila primero como un laboratorio natural para la exploración espacial profunda y un paso intermedio en el camino hacia Marte, donde la presencia humana aún enfrenta desafíos todavía mayores.

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