La nueva Línea 4 del Tren Eléctrico Urbano avanza sobre un trazo que, más que atravesar zonas consolidadas de población, recorre vastas extensiones de terrenos agrícolas y predios baldíos en Tlajomulco de Zúñiga, abriendo una oportunidad inédita para desarrolladores inmobiliarios.

A lo largo de sus poco más de 21 kilómetros, el tren cruza miles de hectáreas que hoy son sembradíos o reservas territoriales, pero que en los próximos años podrían convertirse en nuevos fraccionamientos habitacionales, parques industriales y centros comerciales, impulsando un negocio multimillonario alrededor de la infraestructura pública.
En esta primera etapa, la Línea 4 no beneficia directamente a colonias densamente pobladas, como ocurrió con las líneas 1, 2 y 3. El trazo se desplaza por zonas donde la mancha urbana aún no existe, lo que ha generado cuestionamientos sobre su vocación social inmediata. Hoy, el tren pasa frente a parcelas agrícolas y terrenos sin urbanizar, mientras comunidades consolidadas de Tlajomulco continúan dependiendo del transporte carretero y de rutas saturadas de autobuses para llegar a sus destinos laborales y escolares.

El proyecto arrancó con ocho estaciones: Las Juntas, Adolf B. Horn, Toluquilla, San Sebastián el Grande, La Nogalera, San Agustín, Santa Anita y el CETRAM Tlajomulco. Estas estaciones, en su mayoría, están rodeadas por terrenos amplios y de baja densidad poblacional, lo que refuerza la expectativa de un desarrollo inmobiliario acelerado en los próximos años. Especialistas estiman que el valor de la tierra en un radio de un kilómetro alrededor de cada estación podría incrementarse entre 30 y 60 por ciento una vez que el sistema entre en operación plena.
A pesar del avance de las vías y estaciones, las obras no están completamente terminadas. Persisten pendientes clave como pasos peatonales seguros, cruces a desnivel, accesos universales para personas con discapacidad, iluminación adecuada y sistemas de protección para evitar accidentes. En algunos tramos, el tren convive con vialidades de alta velocidad sin barreras suficientes, lo que ha encendido alertas entre vecinos y expertos en movilidad sobre los riesgos que podría representar una operación apresurada.

Uno de los puntos más críticos del proyecto es la falta de conexión directa con las otras tres líneas del Tren Eléctrico. La Línea 4 no enlaza físicamente con la red existente, lo que obliga a los usuarios a realizar transbordos mediante sistemas BRT y autobuses alimentadores. Esta fragmentación rompe con el concepto de una red integrada y resta competitividad al tren frente al uso del automóvil, especialmente en trayectos largos dentro de la zona metropolitana.
La conexión prevista se realiza a través del Periférico Sur y la Calzada Independencia, donde operan líneas del Macrobús que ya presentan niveles de saturación superiores al 100 por ciento en horas pico. La llegada de miles de nuevos pasajeros provenientes de Tlajomulco amenaza con colapsar estos corredores, a menos que se incremente de forma sustancial la flota, la frecuencia y la capacidad operativa de estos sistemas.

Mientras tanto, el atractivo principal del proyecto parece concentrarse en el potencial de negocio inmobiliario. Tlajomulco cuenta con una de las mayores reservas territoriales del área metropolitana, con decenas de miles de hectáreas disponibles. La presencia del tren eleva de inmediato el interés de constructoras que ya proyectan nuevos cotos, fraccionamientos verticales y desarrollos de interés medio y residencial, replicando el modelo de expansión que en el pasado generó problemas de movilidad y servicios públicos.
Este escenario revive el debate sobre si la Línea 4 responde a una planeación urbana ordenada o si repite el patrón de infraestructura que llega primero y la ciudad después. En otros municipios metropolitanos, la expansión descontrolada derivó en colonias dormitorio alejadas de centros de trabajo, con largos traslados diarios y una fuerte dependencia del automóvil, problemas que hoy saturan vialidades como López Mateos y Adolf B. Horn.

Autoridades estatales han defendido el proyecto argumentando que la Línea 4 es una apuesta a largo plazo para ordenar el crecimiento futuro de Tlajomulco. Sin embargo, hasta ahora no existe un plan público detallado que garantice que los nuevos desarrollos cuenten con escuelas, hospitales, áreas verdes y servicios suficientes, ni que evite la especulación del suelo alrededor de las estaciones.
La nueva Línea 4 avanza, así, entre rieles y parcelas, convertida en un eje que puede redefinir el sur de la metrópoli. La gran incógnita es si será un detonante de movilidad sustentable y desarrollo equilibrado, o si terminará siendo el motor de un nuevo ciclo de expansión urbana que beneficie a unos cuantos, mientras los problemas de saturación y desconexión se trasladan, una vez más, al sistema de transporte público ya rebasado.
