Viernes 6 de Marzo de 2026
Shadow

La historia de Frankenstein

Mary Shelley tenía apenas 18 años cuando dio vida a una de las obras más influyentes de la literatura universal: Frankenstein o el moderno Prometeo. Era 1816, un año peculiar conocido como “el año sin verano”, debido a una erupción volcánica en Indonesia que cubrió de nubes el cielo europeo.

En medio de tormentas y cielos grises, Mary, su esposo Percy Bysshe Shelley, Lord Byron y John Polidori se refugiaron en una mansión a orillas del lago Lemán, en Suiza. Fue ahí donde Byron propuso un reto: cada uno debía escribir una historia de terror. De esa competencia nació el monstruo más famoso de todos los tiempos.

Mary Shelley soñó una noche con un científico que, obsesionado con dominar los secretos de la vida, lograba reanimar un cuerpo hecho de restos humanos. Esa imagen —una chispa eléctrica que devolvía el movimiento a la carne muerta— la persiguió al despertar. Así nació la semilla de Frankenstein. Mary comenzó a escribir impulsada por la fascinación de la ciencia moderna de su época: las teorías de galvanismo, la electricidad aplicada a los cuerpos, y la idea de que el ser humano podía jugar a ser dios.

Publicada en 1818 de manera anónima, la novela fue inicialmente atribuida a Percy Shelley, su esposo. Solo años más tarde se reconoció que Mary era la verdadera autora. Con el tiempo, su obra fue considerada pionera del género de ciencia ficción, al entrelazar lo gótico con la reflexión filosófica sobre los límites del conocimiento y la responsabilidad moral del creador ante su creación.

La historia de Víctor Frankenstein y su criatura se convirtió en un espejo de los miedos de la humanidad: el temor al progreso descontrolado, a la soledad, y a la marginación de quien es diferente. Shelley, con una sensibilidad adelantada a su tiempo, logró condensar en su novela preguntas que aún hoy son vigentes: ¿qué nos hace humanos? ¿Dónde termina la ciencia y comienza la ética?

Mary Shelley escribió Frankenstein mientras atravesaba duelos personales, pérdidas familiares y la presión de un mundo que relegaba a las mujeres al silencio. Esa oscuridad emocional se refleja en la profundidad trágica de su obra. En su monstruo puso la soledad del abandono, el anhelo de aceptación y la furia de quien es rechazado por quienes le dieron la vida.

Más de dos siglos después, Frankenstein sigue vivo, adaptado en cientos de películas, obras teatrales y versiones modernas. Mary Shelley no solo creó un personaje inmortal: creó una advertencia eterna sobre los riesgos de la ambición humana. Su legado perdura como un recordatorio de que incluso en las noches más tormentosas puede surgir una chispa capaz de cambiar la historia de la literatura.

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