Sábado 7 de Marzo de 2026
Shadow

Uróboros

Por Manuel Sepúlveda

El uróboros es un símbolo recurrente en la historia humana. A través de los siglos, ha sido representado de distintas maneras por prácticamente todas las culturas más grandes de la historia. El uróboros está conformado por una serpiente que forma un círculo perfecto; uno que comienza con su cabeza y termina con su cola, la cual se encuentra entre las fauces del reptil. La serpiente, en esencia, se devora a sí misma, pero jamás termina por consumirse, por lo que se queda atrapada en un ciclo infinito de inicio y fin; vida y muerte; pasado y futuro.

Desde los egipcios, pasando por los celtas e incluyendo a la cultura nórdica, el uróboros siempre ha representado la naturaleza cíclica del tiempo y de la propia existencia. El final de algo es el inicio de otra cosa y así sucesivamente hasta la eternidad. Desde la perspectiva humana, todo en el mundo vive dentro de un ciclo que parece interminable. Las estaciones se repiten año con año, el sol siempre aparece después de la noche y la historia (con sus glorias y tragedias) se repite una y otra vez Las ideologías de los pueblos mutan, cambian y emergen, pero, al final, el trayecto de la historia humana termina dirigiéndose hacia la misma base de ideas; hacia aquel instinto primitivo que instiga el hambre por acumular más poder y perpetuar su existencia hasta el fin de todo. Es así el cómo el concepto del uróboros trasciende a la naturaleza y se infiltra en la existencia humana. La ciencia avanza y con ella avanza la tecnología, pero esto no es suficiente para detener la enigmática naturaleza cíclica de la historia humana que, así como el uróboros, termina, de manera irremediable mordiendo su cola.

En la era digital, somos capaces de documentar nuestro pasado mejor que nunca; sin embargo, no logramos comunicarlo de manera correcta, concreta y objetiva las generaciones más jóvenes. Mientras tanto, las más viejas empiezan a partir, y con ellas también parten los testimonios de nuestros más grandes errores. Los aciertos se diluyen y se olvidan, se dan por hecho y terminan siendo minimizados o ignorados. ¿Cómo podemos lograr que el aprendizaje del pasado se permeé al futuro? Parece imposible evitar que las semillas del conflicto y la decadencia germinen. Incontables culturas, imperios y civilizaciones han caído a través de los siglos, víctimas de su propia soberbia. No hay avance tecnológico, ideología política u organización social que sea capaz de detener el inexorable paso del tiempo y el cambio que conlleva. Todo termina por desaparecer o cambiar, pero está en nuestras manos el decidir si el cambio nos mueve hacia el futuro o si nos lleva a revivir los fantasmas del pasado.

Resulta curioso que la humanidad, siendo la única especie en el planeta capaz de documentar su historia a través del lenguaje hablado y escrito, no haya sido capaz de escapar de los vicios de su pasado. Immanuel Kant afirmaba que la paz es un estado antinatural del hombre, por lo que el conflicto es el estado por el que el hombre se decantará con mucha más facilidad. ¿Es acaso, entonces, el hambre de conflicto lo que mantiene a la humanidad atrapada en una historia condenada a repetirse a sí misma siempre? ¿Está en nuestra naturaleza el inclinarnos hacia el pasado de manera inconsciente? ¿Es la paz el ingrediente artificial que terminará de una vez por todas el sufrimiento del uróboros? Aun luce como una verdadera utopía.

La dualidad y el conflicto son parte de la naturaleza, no hay manera de evitarlos, tan solo nos queda adaptarnos y aprender a vivir dentro del infinito del uróboros. ¿Hacia dónde nos llevará el repetir los errores del nuestro pasado en medio de una era dorada de avances tecnológicos y digitales? Tal vez los errores deban purgarse una y otra vez para que nuevas y mejores humanidades emerjan de entre los más cruentos conflictos. Tal vez, después de todo, el conflicto bélico, ideológico, religioso y cultural sea necesario para gestar nuevos y mejores tiempos. El pasado deberá ser examinado bajo una luz más clara y experimentada; una que nos permita ver el conflicto como una verdadera oportunidad de aprendizaje para ser mejores y evitar las terribles premoniciones de nuestra decadencia y eventual aniquilación. Es así, que, tal y como el uróboros y en palabras de F. Scott Fitzgerald “…seguimos adelante, como barcos contra la corriente, arrastrados sin cesar hacia el pasado”.

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