¿Sabías que casi seis de cada diez adultos en zonas urbanas de México no realizan ningún tipo de ejercicio en su tiempo libre? El sedentarismo, esa inactividad que se esconde tras la rutina y la comodidad, se ha convertido en una amenaza silenciosa para la salud pública, y revertirla podría ser más sencillo de lo que parece.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), apenas el 41.1% de los mayores de 18 años realiza alguna actividad física durante su tiempo libre. Esto quiere decir que la mayoría de la población adulta en entornos urbanos permanece inactiva fuera del trabajo y las tareas cotidianas.
A nivel global, la situación no es menos preocupante. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que aproximadamente mil 800 millones de adultos están en riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con la falta de movimiento, como obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.

Frente a este panorama, especialistas como Miguel Ángel Ramírez Hernández, jefe del Departamento de Activación Física de la UNAM, llaman a tomar acción inmediata. ¿La clave? Volver a lo básico. No se necesita un gimnasio ni aparatos costosos. Basta con recuperar la capacidad natural del cuerpo de moverse a través de acciones simples como caminar, jalar, empujar o brincar.
Romper la rutina sedentaria puede ser tan simple como elegir caminar a la tienda más lejana, con ropa ligera y tenis cómodos. Este pequeño cambio puede convertirse en el punto de partida hacia un estilo de vida más activo. “Lo importante no es cuánto ni con qué intensidad, sino moverse con intención”, explica Ramírez Hernández.
Actividades cotidianas como bailar, jugar con los hijos o subir escaleras también cuentan como ejercicio. Y si la experiencia resulta placentera, el cuerpo pedirá repetirla. Escuchar al cuerpo, mantenerse hidratado y moverse con regularidad es suficiente para comenzar a ver cambios.
El sedentarismo no sólo cobra factura a nivel individual: también tiene consecuencias económicas globales. De acuerdo con la OMS, si la tendencia no cambia, los costos asociados a la inactividad física podrían alcanzar los 300 mil millones de dólares entre 2020 y 2030, debido al aumento en enfermedades crónicas y gasto sanitario.
