Sábado 7 de Marzo de 2026
Shadow

Rugidos que nunca fueron

La idea de que los dinosaurios rugían como en las películas es más ficción que ciencia. Durante décadas, la falta de evidencia fósil del aparato fonador —compuesto por tejidos blandos que rara vez se preservan— mantuvo a los científicos en el terreno de la especulación. Sin embargo, hallazgos recientes han comenzado a cambiar esa percepción y a construir una banda sonora más precisa del mundo prehistórico.
Un avance clave fue el estudio del Parasaurolophus tubicen, un dinosaurio con una gran cresta hueca en la cabeza. Gracias a escaneos digitales, los científicos del Museo de Historia Natural de Nuevo México simularon el sonido que produciría esa estructura, describiéndolo como un profundo tono similar al de un claxon o un didgeridoo.
Otro descubrimiento revolucionario fue el hallazgo de una laringe fosilizada del Pinacosaurus grangeri en el desierto de Gobi. Este hallazgo es importante porque representa la primera evidencia directa de un órgano vocal en un dinosaurio no aviar. La estructura hallada se parece a la de las aves modernas, lo que sugiere que estos animales podrían haber vocalizado de manera más sofisticada de lo que se pensaba.

La paleontóloga argentina Paulina Carabajal también ha encontrado indicios auditivos inusuales en los anquilosaurios, como largas lagenas (estructuras del oído interno), lo que indicaría una mayor capacidad para detectar sonidos, especialmente en frecuencias bajas. Estas frecuencias habrían permitido a los dinosaurios comunicarse a larga distancia o advertir peligros.
El paleontólogo Federico Agnolín descubrió una siringe fosilizada en un pato extinto, lo que aporta información sobre el aparato vocal de las aves contemporáneas de los dinosaurios. Él sugiere que algunos dinosaurios pudieron emitir sonidos similares a los de los pájaros actuales.
Aunque aún hay muchas preguntas abiertas —y mucho escepticismo—, la evidencia apunta a que los sonidos prehistóricos eran variados, complejos y, en muchos casos, alejados de los rugidos feroces del cine. Las nuevas tecnologías están ayudando a los paleontólogos a reinterpretar viejos fósiles y buscar pistas sonoras donde antes no las veían.

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