En la colonia El Deán, ubicada al sur de Guadalajara, cada temporada de lluvias se convierte en una pesadilla recurrente. Los vecinos, ya acostumbrados a las alertas de tormenta, refuerzan con costales de arena la entrada de sus casas y levantan muros improvisados de concreto o láminas.
Algunos incluso colocan tablas de madera para contener el ingreso del agua, mientras otros se arman con escobas, cubetas y bombas para achicar los encharcamientos que alcanzan hasta el medio metro de altura.

En cada tormenta, lo primero que hacen es desconectar electrodomésticos y mover muebles a sitios altos, en un ritual aprendido a fuerza de sufrirlo año tras año.
Este problema no es reciente. Los habitantes del Deán aseguran que las inundaciones comenzaron a intensificarse desde hace más de 20 años, pero en la última década se han vuelto más agresivas y frecuentes. Relatan que desde la pavimentación de nuevas vialidades y la expansión urbana al sur de la ciudad, el agua ya no tiene a dónde ir y busca salida en esta colonia baja y vulnerable. Las lluvias colapsan las alcantarillas y el canal que pasa por la zona se desborda fácilmente. En una sola tormenta, como ha ocurrido en años recientes, pueden caer más de 70 milímetros de agua en la zona en apenas una hora.
El promedio anual de lluvia en Guadalajara, actualizado a 2024, se estima en 980 milímetros, con picos que en años intensos han alcanzado los 1,300 milímetros. Esta cantidad, concentrada entre junio y septiembre, representa más de 110 millones de metros cúbicos de agua de lluvia al año sobre el Área Metropolitana. De ese volumen, alrededor del 92% se pierde como escurrimiento superficial por falta de sistemas adecuados de captación e infiltración. En la zona sur, donde se ubica El Deán, se estima que entre 12 y 16 millones de metros cúbicos se escurren sin control cada temporada, lo que satura canales, desborda drenajes y termina por anegar casas.
Una de las promesas para mitigar estas inundaciones fue la construcción del vaso regulador El Deán, inaugurado en 2008, con una capacidad para almacenar hasta 200 mil metros cúbicos de agua. Esta obra tenía como objetivo contener escurrimientos pluviales y evitar el desborde hacia zonas habitacionales.

Sin embargo, en 2024 la capacidad efectiva del vaso ha disminuido a menos de 140 mil metros cúbicos debido a la acumulación de azolve, basura y la falta de mantenimiento. Además, la urbanización y el crecimiento de las colonias aledañas provocan que la cantidad de agua que llega al vaso rebase rápidamente su límite.
En algunos casos extremos, el agua ha alcanzado hasta un metro de altura dentro de las casas. Familias completas deben abandonar sus viviendas por miedo a perderlo todo o sufrir cortocircuitos. La humedad constante ha deteriorado estructuras, provocado enfermedades respiratorias y dañado inmuebles.
Vehículos quedan varados, las calles desaparecen bajo el agua y el riesgo de infecciones por contacto con aguas negras aumenta. En 2023 y 2024, Protección Civil del municipio atendió más de 400 reportes por inundaciones en viviendas en esta colonia, lo que la convierte en una de las zonas más vulnerables de la ciudad.
La situación de El Deán no es aislada. En 2024, Guadalajara registró más de 1,600 reportes por inundaciones en diferentes colonias. Zonas como Álamo Industrial, Huentitán, Ferrocarril, Oblatos y Miravalle sufren cada año los efectos del colapso del sistema pluvial.

La expansión urbana ha invadido áreas de recarga y las obras para contener escurrimientos son insuficientes. Además, varios vasos reguladores han sido reducidos o abandonados, y muchos canales naturales han sido sustituidos por obras viales que agravan el problema.
Las autoridades municipales y estatales han anunciado proyectos de rehabilitación de vasos, nuevas redes de colectores pluviales y obras de desfogue para 2025, con una inversión estimada de 600 millones de pesos. Sin embargo, los vecinos del Deán desconfían. Denuncian que las obras anteriores quedaron inconclusas o mal planeadas, y que las soluciones no van al ritmo del problema. En muchos casos, las obras se concentran en zonas de alto valor económico y no en colonias populares, donde el riesgo humano es mayor.
Expertos en gestión hídrica advierten que, de continuar la tendencia actual, las lluvias extremas serán más frecuentes debido al cambio climático. Proponen una estrategia metropolitana para el manejo del agua, que incluya la recuperación de zonas de infiltración, la ampliación de vasos reguladores, el tratamiento de aguas pluviales y la construcción de infraestructura verde. Mientras tanto, en El Deán, cada lluvia sigue siendo una amenaza, y los vecinos resisten con lo que tienen, esperando que un día el agua deje de entrar como invasora a sus hogares.
