Viernes 6 de Marzo de 2026
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La obesidad roba el sueño… y el oxígeno

La obesidad no es sólo un asunto de estética. Se trata de un enemigo silencioso que “asfixia” la sangre y daña el corazón, ya que altera de forma crítica el transporte de oxígeno necesario para el cuerpo.

Esta baja en el oxígeno en la sangre (hipoxia) representa un peligro para la salud que se traduce en fatiga crónica y bajo rendimiento físico, disminución de capacidades intelectuales, deterioro de órganos vitales y, a la larga, insuficiencia cardiaca, alerta David Montalvo, médico bariatra.

A medida que aumentan los niveles de glucosa, triglicéridos, colesterol y ácido úrico, estos componentes ocupan un espacio vital en el volumen de sangre que el corazón expulsa en cada latido, por lo que disminuye la cantidad de oxígeno que ésta puede transportar, explica el especialista.

Aunque la persona tenga niveles normales de colesterol, triglicéridos, todo lo demás, hay un cierto volumen en esa cantidad de sangre que está ocupado por las grasas, por la glucosa, por células que no son transportadoras de oxígeno— como las plaquetas o glóbulos blancos— y por otros elementos que forman a la sangre, y el volumen restante es el que puede transportar sangre oxigenada.

Cuando una persona tiene sobrepeso u obesidad, suelen aumentar los niveles de glucosa, triglicéridos, colesterol, por ejemplo, y cuando se incrementan estos volúmenes, entonces, en cada volumen de eyección de sangre, la cantidad que puede transportar de oxígeno es menor”, alerta el también expresidente del Colegio Mexicano de Bariatría.

Tejido adiposo, una masa viva

En el sobrepeso y la obesidad, la hipoxia se agudiza debido a que la cantidad de oxígeno que una persona requiere para vivir se incrementa con la acumulación de grasa. Y es que el tejido adiposo no es inerte, sino que exige más energía y recursos del cuerpo, porque se trata de masa viva que debe ser nutrida constantemente a través de la sangre.

La grasa, el tejido adiposo, es un tejido vivo y recibe sangre, oxígeno, nutrientes, vitaminas, minerales, todo lo que todos los demás órganos, aparatos y sistemas requieren para vivir en el cuerpo humano. Y cuando hacemos que una persona con obesidad o sobrepeso se mueva y tenga sus actividades, aumenta la demanda de oxígeno”, detalla David Montalvo.

Este esfuerzo adicional que el corazón debe realizar para nutrir la nueva masa de tejido adiposo, sumado a la reducción del aporte de oxígeno por el aumento de los niveles de glucosa, triglicéridos, colesterol y ácido úrico en la sangre, marca el inicio de la insuficiencia cardiaca, señala.

Con el tiempo, la falta de oxígeno puede provocar afectación a las células cerebrales, daño orgánico irreversible, pérdida de memoria y, sin tratamiento, y con las complicaciones que se asocian, la muerte.

De acuerdo con la Asociación Americana del Corazón, la insuficiencia cardiaca se produce cuando el corazón no bombea sangre tan bien como debería. “Se describe cuando el corazón no puede soportar su carga de trabajo. Como resultado, el cuerpo puede no recibir el oxígeno que necesita”, indica.

La insuficiencia cardiaca es la cereza del pastel para provocar la tormenta perfecta. Y es cuando las cosas pueden ocurrir de forma dramática y provocar un final dramático para el paciente”, advierte el doctor Montalvo.

La Federación Mundial del Corazón advierte sobre las repercusiones negativas de la insuficiencia cardiaca en la calidad de vida de una persona. “La mitad de las personas diagnosticadas de IC mueren en los cinco años siguientes al diagnóstico, sobre todo por falta de tratamiento”, señala.

La obesidad debe ser considerada como una enfermedad. No es un estado de estética… cuando la persona decide ponerse en régimen para resolver su problema, tiene que someterse a una revisión médica integral… una persona que está en el límite entre sobrepeso y obesidad ya tiene un exceso de grasa en su cuerpo y ya se están produciendo sustancias nocivas para su salud a lo largo del tiempo”, subraya el doctor Montalvo.

Ante este panorama, asegura que la prevención es la mejor solución. Acciones simples pueden ayudar a restaurar la salud antes de que el daño sea irreversible, entre ellas:

Evitar los excesos en la alimentación

Mantener una proporción de 30% de proteínas de origen animal y 70% de vegetales en las comidas.

Aumentar la actividad física cotidiana.

Realizarse chequeos médicos anuales.

Si la persona se agita, o sea, aumenta la frecuencia cardiaca y la frecuencia respiratoria con esfuerzos de baja intensidad, ésa es una señal de que necesita ver al médico”, concluye.

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