La Copa Mundial de la FIFA 2026 será histórica: por primera vez se jugará en tres países —Estados Unidos, México y Canadá— y contará con un formato ampliado de 48 selecciones y 104 partidos, casi el doble de encuentros que en los mundiales anteriores. El torneo se disputará entre junio y julio de 2026 y se desarrollará en 16 ciudades sede, lo que lo convertirá en el más grande en la historia del fútbol.

Estados Unidos albergará 11 sedes, mientras que México tendrá tres —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— y Canadá dos —Toronto y Vancouver—. La dispersión geográfica es uno de los principales retos logísticos. Las distancias entre algunas ciudades superan los 4 mil kilómetros, lo que implica largos traslados aéreos tanto para selecciones como para aficionados, especialmente si desean seguir a su equipo en distintas sedes durante la fase de grupos.
El reto no es menor para los equipos. Los cambios de clima, altitud y husos horarios pueden influir en el rendimiento deportivo. No es lo mismo jugar en la altura de la Ciudad de México que en ciudades a nivel del mar como Miami o Vancouver. Por ello, los organizadores han intentado agrupar a las selecciones en regiones específicas durante la primera fase para reducir desplazamientos extremos, aunque en rondas finales los viajes serán inevitables.

Para los aficionados, el desafío será aún mayor. Quienes deseen asistir a partidos en más de un país deberán cumplir con requisitos migratorios distintos, dependiendo de su nacionalidad. Estados Unidos y Canadá exigen visa a numerosos países, mientras que México tiene políticas más flexibles. Esto obligará a muchos fanáticos a planificar con anticipación trámites consulares, tiempos de aprobación y posibles costos adicionales.
El idioma también representa un reto. Aunque el inglés predomina en Estados Unidos y Canadá, en México el idioma oficial es el español. Si bien en las sedes habrá personal bilingüe y señalización internacional, la experiencia de movilidad, transporte y servicios turísticos puede resultar compleja para quienes no dominen al menos uno de estos idiomas. A ello se suman los elevados costos de vuelos internacionales, hospedaje y transporte interno, en un torneo que podría atraer a más de cinco millones de visitantes.

El Mundial 2026 promete ser una fiesta global sin precedentes, pero también un desafío logístico gigantesco. La coordinación entre tres gobiernos, múltiples ciudades y millones de personas pondrá a prueba la capacidad organizativa de Norteamérica. Para los fanáticos, será una experiencia inolvidable, aunque exigirá planeación financiera, trámites migratorios y una logística personal mucho más compleja que en cualquier Copa del Mundo anterior.
