Lo que inició como un organismo para reconstruir Gaza de la posguerra, se convirtió en uno de los últimos intentos del presidente Donald Trump de obtener un papel más importante a nivel mundial sobre los tratados de paz.
El republicano presentó durante el Foro Económico Mundial su junta de Paz (Board of Peace), un organismo diseñado, según dijo, para reescribir las reglas de la resolución de conflictos globales.
Con la participación de figuras como Jared Kushner y el exprimer ministro británico Tony Blair, Trump se presentó como un pacificador global experto en bienes raíces.

Según los estatutos presentados, el organismo no se limitará a Gaza; busca ser una plataforma de intervención mundial donde los países que deseen un puesto permanente deberán aportar mil millones de dólares en efectivo.
Aunque Trump asegura que la junta trabajará “en colaboración” con la ONU, la iniciativa ha generado profundos recelos.
Mientras naciones como Argentina, Hungría e Israel han confirmado su adhesión, aliados tradicionales como Francia y Reino Unido se mantienen al margen.
Por su parte, Rusia ha mostrado interés, sugiriendo que utilizaría activos estadunidenses congelados para pagar su ingreso.

El secretario de Estado, Marco Rubio, defendió el proyecto como un modelo de cumplimiento para futuros acuerdos de paz.
Sin embargo, analistas sugieren que la creación de este órgano responde también a una motivación personal del mandatario tras no recibir el Nobel de la Paz, otorgado recientemente a la opositora venezolana María Corina Machado.
Pese a contar con el respaldo de una resolución previa del Consejo de Seguridad para el caso específico de Gaza, la ONU ha aclarado que su participación se limitará estrictamente a dicho contexto, marcando distancia con las ambiciones de Trump de convertir su “Junta” en una autoridad global paralela.
La Unión Europea dijo tener “serias dudas” sobre la Junta de Paz impulsada por Trump, en particular sobre su compatibilidad con Naciones Unidas, afirmó a primera hora del viernes el jefe del Consejo Europeo, Antonio Costa.
El jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, indicó que su país había “rechazado” la invitación.
Mientras tanto, tras los embates de Trump, el primer ministro canadiense Carney dijo: “Canadá no existe gracias a EU”.

Más tarde, dijo que Estados Unidos debió haber invocado el principio de defensa colectiva para hacer que tropas de la OTAN fueran desplegadas en la frontera con México para contener la migración irregular.
Líderes europeos se reúnen en Bruselas para hablar de las relaciones transatlánticas, con cierto alivio por el giro de timón del presidente Donald Trump sobre Groenlandia, pero sin euforia.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, parece haber logrado disuadir a Trump de su intención de apropiarse de Groenlandia, un territorio autónomo danés en el Ártico. Pero quedan preguntas en el aire sobre el supuesto acuerdo.
“Estamos en una situación que parece mucho más aceptable, aunque nos mantenemos vigilantes”, resumió el presidente francés, Emmanuel Macron.
El peligro inmediato para la OTAN parece haberse alejado, pero aun así el bloque mantuvo la emergencia.
