Guadalajara se prepara para ser una de las sedes del Mundial de Futbol 2026 y la factura que dejará ese privilegio se cuenta en miles de millones de pesos. Lo que comenzó como un proyecto deportivo se ha convertido en un gigantesco plan de renovación urbana, donde confluyen obras públicas, remodelaciones, gasto en seguridad y apuestas de infraestructura que transformarán a la ciudad. Entre inversiones municipales, estatales, federales y privadas, el costo total estimado ronda los 37 mil 500 millones de pesos.
En el corazón de la capital jalisciense, el Centro Histórico de Guadalajara vive un proceso de remodelación integral valuado en 450 millones de pesos, destinado a la modernización de banquetas, plazas y fachadas. Las obras buscan que el primer cuadro luzca impecable ante la mirada internacional, aunque han provocado inconformidades por el cierre de calles y afectaciones a comerciantes. En paralelo, Zapopan destina 300 millones de pesos a su propio programa de imagen urbana, con la promesa de dejar un entorno más atractivo y funcional para turistas y residentes.

El proyecto más ambicioso está en materia de movilidad. El gobierno estatal construye un BRT hacia el aeropuerto, con una inversión cercana a 13 mil 500 millones de pesos, que pretende mejorar el traslado desde la zona metropolitana hasta la terminal aérea. La obra forma parte de un esquema de movilidad que busca reducir el tráfico y ofrecer una alternativa para miles de visitantes que llegarán durante el torneo.
A la par, el Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP) realiza la mayor inversión privada ligada al Mundial, con 1,070 millones de dólares destinados a construir una nueva terminal, ampliar pistas y modernizar accesos. El proyecto eleva la capacidad del aeropuerto en casi 70% y representa por sí solo cerca del 50% del gasto total asociado al evento si se convierte a moneda nacional.

El gasto en seguridad tampoco se queda atrás. El gobierno de Jalisco y las policías municipales han destinado 988 millones de pesos para adquirir patrullas, vehículos blindados y hasta unidades de última generación como tres Cybertrucks, que funcionarán como centros de comando móvil. A eso se suman sistemas de videovigilancia, drones y equipamiento táctico para resguardar zonas turísticas, hoteles, estadios y rutas de transporte durante los días de partido.

A todo ello se agregan los 2 mil 600 millones de pesos invertidos en vialidades y accesos: nuevas avenidas, iluminación, señalización, pasos peatonales y mantenimiento de corredores metropolitanos. La suma de estas obras refleja un esfuerzo de reconstrucción urbana que, aunque se justifica con el Mundial, impactará también en el desarrollo futuro de la ciudad.
Guadalajara será sede de cuatro partidos del Mundial 2026, todos correspondientes a la fase de grupos. En uno de ellos jugará la Selección Mexicana, lo que asegura una ocupación hotelera total y un flujo turístico sin precedentes. Sin embargo, si se toma en cuenta la inversión total de 37 mil 500 millones de pesos, cada partido equivale a un costo de alrededor de 9 mil 375 millones de pesos, un dato que evidencia el enorme desembolso que implica ser sede mundialista.
Las autoridades, no obstante, defienden la apuesta. Estiman una derrama económica superior a los 3 mil millones de dólares a nivel nacional durante el torneo, y esperan que Guadalajara capte cerca de un millón de visitantes, generando miles de empleos temporales y un repunte en la ocupación hotelera, la gastronomía y el comercio local. La esperanza es que los beneficios económicos compensen los gastos públicos.

Pero entre especialistas y ciudadanos persiste la duda: ¿realmente el Mundial dejará beneficios duraderos o solo un espejismo de modernidad? Los críticos señalan que los gastos en obras y seguridad podrían ser desproporcionados frente a la breve duración del torneo y que el endeudamiento público para financiar parte de las obras podría tener efectos a largo plazo. Además, el mantenimiento posterior de estas infraestructuras requerirá nuevos recursos una vez que los reflectores se apaguen.
Guadalajara apostó fuerte para vestirse de anfitriona mundialista. Con sus calles en remodelación, su aeropuerto en expansión y su presupuesto al límite, la ciudad se prepara para recibir a miles de aficionados y millones de miradas. El reto será que, cuando se juegue el último partido y los visitantes se vayan, quede algo más que estadios llenos y calles recién pintadas: una ciudad realmente transformada y no una factura impagable.
