CONECTÁNDONOS

Por Adriah Brito (*)
A todos nos ha pasado que nos proponemos algo a inicios de año, de nuestro mes, o nuestra semana y cuando menos pensamos ya se nos fue el tiempo y no hemos logrado nada aún.
Todos podemos tener sueños o ilusiones por vivir, pero cuando nuestras metas tienen un tiempo determinado para materializarlas… es ahí cuando el juego se vuelve interesante y a la vez claro de lograr.
Y lo que me lleva a cuestionar es… ¿por qué a veces logramos nuestras metas y porque otras veces nos quedamos fuera de la línea?
Y la realidad es que, si tienes lo que se requiere para lograr lo que deseas. Sin embargo, lo que sucede es que te distraes en el camino hacia a ellas porque nuestra mente busca protegernos del esfuerzo, la incomodidad o el cambio.
Aquí te explico las causas más comunes que nos alejan de cumplir nuestras metas:
1. Falta de claridad.
Cuando no tenemos claro el porqué de una meta, cualquier cosa se siente más urgente o atractiva que dedicarle tiempo a lograr esta misma. La mente no puede enfocarse en un destino que no ve con claridad.
Solución: escribe qué quieres, por qué lo quieres y qué cambiará en tu vida cuando lo logres.
2. No hay conexión emocional.
A veces la meta viene del ego o la comparación (“debería hacerlo”), no del corazón. Entonces no hay motivación real. Si la meta no te emociona, tu mente buscará excusas para evitarla.
Solución: conéctate con cómo te sentirás cuando la cumplas y paradójicamente cuando combinas emoción con energía más sencillo es materializar lo que te propones.
3. Falta de estructura o enfoque diario.
Tener muchas metas a la vez dispersa la energía y creer que tienes tiempo de sobra para ponerte manos a la obra hace que te alejes de ellas.
Solución: elige una prioridad por etapa y diseña hábitos pequeños (si es posible diarios) que la alimenten cada día.
4. Miedo al éxito o al fracaso.
Ambos generan resistencia inconsciente: miedo a no ser suficiente o a perder lo que conoces. El autosabotaje suele ser miedo disfrazado de distracción.
Solución: observa tus miedos sin juzgarlos y avanza con acción pequeña pero constante.
5. Exceso de estímulos externos.
Vivimos rodeados de ruido: redes, pendientes, comparaciones. La mente dispersa no puede crear metas tangibles y mucho menos una Vida enfocada.
Solución: crea momentos sin distracción (aunque sean 20 min al día) para reconectarte con tu visión.
6. Falta de energía vital.
Cuando no dormimos bien, no comemos bien o no nos movemos, bajan nuestras ganas, ánimos y claridad mental. Si tienes tu cuerpo cansado no puede sostener grandes sueños y es mucho más difícil que conectes con la motivación necesaria para que te pongas en acción.
Solución: cuida tu energía física y emocional — es la base del enfoque.
Conclusión… no nos distraemos porque no podamos lograrlo, nos distraemos porque olvidamos por qué empezamos. Y recuerda aún que ganes todas tus metas eso no te define como persona, lo que te define es la persona en la que te conviertes cuando vas camino hacia ellas.
@adriahbrito
(*) Adriah Brito. Es egresada de la Licenciatura en Comunicación, con especialidad en periodismo por la Universidad La Salle Noroeste en Sonora. Es amante de la lectura y la escritura. Ha participado en voluntariados académicos en la Universidad Univates en el estado de Río Grande del Sur, Brasil. Actualmente ejerce como Asesora Patrimonial en la compañía New York Life.
