Viernes 6 de Marzo de 2026
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Hambre mata niños en Gaza

En la Franja de Gaza, el hambre se ha convertido en un arma de guerra. En pleno 2025, más de medio millón de niños padecen desnutrición aguda, y decenas de ellos han muerto por inanición en hospitales colapsados y viviendas destruidas.

Organismos internacionales han alertado que Gaza enfrenta un nivel de inseguridad alimentaria “catastrófico”, donde el 100% de la población vive en condiciones de emergencia alimentaria, según las escalas de la Clasificación Integrada de Seguridad Alimentaria en Fases (IPC).

El colapso total de los servicios básicos, el cierre de los puntos de ingreso de ayuda y los constantes bombardeos han convertido al enclave palestino en un infierno para sus habitantes más vulnerables.

Hasta julio de 2025, al menos 53 niños han muerto por desnutrición severa en el norte de Gaza, donde los hospitales han dejado de operar y la distribución de alimentos está paralizada. Según UNICEF y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), más de 3,000 menores están en riesgo inminente de muerte por falta de alimento.

A diario, familias caminan kilómetros entre ruinas para intentar conseguir una bolsa de arroz o algo de leche en polvo, mientras las reservas se agotan en minutos. La leche materna escasea entre madres que, debilitadas por el hambre, ya no pueden alimentar a sus hijos.

El bloqueo impuesto por Israel ha impedido el ingreso sostenido de ayuda humanitaria a la Franja, especialmente al norte. Aunque en ocasiones se permiten convoyes humanitarios, estos son esporádicos, insuficientes y constantemente atacados o detenidos.

La ONU ha denunciado que los permisos de paso son limitados, y que la destrucción de las rutas y la inseguridad hacen casi imposible distribuir la ayuda. A ello se suma el cierre del cruce de Rafah por parte de Egipto, agravando la crisis. Las agencias humanitarias afirman que no pueden operar de forma efectiva ante la negativa de acceso, lo que ha hecho colapsar la cadena de suministro de alimentos y medicinas.

Desde el inicio del conflicto en octubre de 2023, más de 38,000 palestinos han muerto por bombardeos, entre ellos al menos 14,000 niños, según el Ministerio de Salud de Gaza. La ofensiva israelí, desatada tras los ataques de Hamás, ha devastado barrios enteros, hospitales, escuelas y campos de refugiados.

A los muertos se suman decenas de miles de heridos, amputados, y millones de desplazados que deambulan sin refugio ni asistencia. Naciones Unidas ha calificado la situación como una catástrofe humanitaria sin precedentes en la región.

Las acusaciones de genocidio contra Israel se han incrementado. En enero de 2024, Sudáfrica presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia alegando que Israel violaba la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. En su fallo preliminar, la Corte ordenó a Israel evitar actos genocidas y permitir la entrada de ayuda humanitaria, pero los ataques continuaron.

La evidencia de declaraciones de líderes israelíes que deshumanizan a los palestinos, y la sistemática destrucción de infraestructura civil, refuerzan estas denuncias.

Además, múltiples organizaciones de derechos humanos, entre ellas Human Rights Watch y Amnistía Internacional, han señalado crímenes de lesa humanidad, incluyendo castigo colectivo, desplazamiento forzado y ataque deliberado contra civiles.

Testimonios de médicos, voluntarios y periodistas han documentado escenas de horror: recién nacidos muriendo por falta de incubadoras, cuerpos sepultados en ruinas, niños que mueren días después de sobrevivir a bombardeos, por hambre.

Pese a la magnitud de la tragedia, la reacción del mundo ha sido tibia. Las grandes potencias han limitado sus llamados al “cese del fuego humanitario”, sin presionar con firmeza a Israel para detener los ataques ni levantar el bloqueo. La ayuda prometida por muchos países no llega, o llega en cantidades simbólicas. La ONU ha pedido con urgencia 2,800 millones de dólares para atender la emergencia, pero apenas ha recibido el 28% de esa cifra.

La tragedia en Gaza se desarrolla ante los ojos del mundo con una indiferencia desconcertante. La muerte por hambre de niños, en pleno siglo XXI, ya no escandaliza ni sacude a las conciencias globales.

Mientras los gobiernos evaden sus responsabilidades y la comunidad internacional calla, Gaza sangra y sus niños mueren lentamente, no por bombas, sino por el olvido. La normalización del horror es, quizás, el crimen más profundo de todos.

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