A pesar de los avances médicos en las últimas décadas, enfermedades consideradas casi extintas siguen presentando riesgos reales, como es el caso de la peste neumónica. Esta variante se distingue claramente de la peste bubónica, la cual fue responsable de millones de muertes históricas y se transmite a través de la mordedura de pulgas o ratas infectadas.
La peste neumónica puede surgir cuando la infección bubónica no es tratada adecuadamente y las bacterias se diseminan a los pulmones. A diferencia de la bubónica, la neumónica es especialmente peligrosa porque puede contagiarse directamente de persona a persona mediante la inhalación de gotitas expulsadas al toser por un paciente infectado.

Según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la peste neumónica presenta un rápido período de incubación, de tan solo un día, y se manifiesta con síntomas graves como fiebre alta, dolor de cabeza, debilidad, neumonía con dificultad para respirar, dolor en el pecho y tos, que en ocasiones incluye mucosidad con sangre o acuosa.
La peste bubónica, por su parte, tiene un período de incubación más largo, entre 2 y 8 días, y genera síntomas como ganglios linfáticos inflamados y dolorosos, fiebre, escalofríos y debilidad. Sin tratamiento con antibióticos, la infección puede extenderse y causar la muerte.
Aunque hoy la peste humana es poco frecuente, con un promedio de siete casos anuales en Estados Unidos desde el 2000, el reciente fallecimiento de una persona por peste neumónica en Arizona, el 11 de julio de 2025, alerta sobre la vigencia de esta enfermedad y la necesidad de atención inmediata y control sanitario.
