Viernes 6 de Marzo de 2026
Shadow

Renacer como Fénix

El cineasta neozelandés Peter Jackson se ha involucrado en un ambicioso y controvertido proyecto para intentar rescatar genéticamente al moa, un ave no voladora extinta que habitó Nueva Zelanda. La iniciativa, valorada en 15 millones de dólares, se realiza en colaboración con la empresa estadounidense de biotecnología Colossal Biosciences, la cual está financiada por Jackson y su socia Fran Walsh, y cuenta con el apoyo del Centro de Investigación Ngāi Tahu, con sede en Nueva Zelanda.
Colossal Biosciences anunció recientemente que busca modificar genéticamente aves vivas para que se asemejen al moa gigante de la Isla Sur, una especie que podía alcanzar hasta 3.6 metros (12 pies) de altura. Peter Jackson explicó que, aunque su trabajo diario es el cine, el moa es su “pasatiempo”, y reconoció la fascinación que esta ave genera entre los estudiantes y la población neozelandesa en general.
El moa, que vagó por Nueva Zelanda durante unos 4,000 años, se extinguió hace aproximadamente 600 años, principalmente debido a la caza excesiva por parte de los primeros habitantes humanos. El interés internacional por esta ave aumentó durante el siglo XIX tras la llegada a Inglaterra de un esqueleto completo que ahora se exhibe en el Museo de Yorkshire.

A diferencia del trabajo de Colossal con otras especies extintas, como el mamut lanudo o el lobo terrible, el proyecto para el moa aún está en etapas iniciales. Todo comenzó hace dos años cuando Jackson se interesó por los esfuerzos de la compañía para “desextinguir” animales extintos y puso en contacto a los científicos con expertos neozelandeses que había conocido a través de su extensa colección privada de huesos de moa, que asciende a entre 300 y 400 piezas.
En Nueva Zelanda es legal comprar y vender huesos de moa encontrados en terrenos privados, pero no en áreas públicas de conservación ni exportarlos. La primera fase del proyecto consiste en identificar huesos bien conservados que permitan extraer ADN viable. Las secuencias genéticas serán comparadas con genomas de aves vivas, como el tinamú y el emú, para comprender qué características genéticas hacían al moa único.
El proceso de modificación genética seguirá un protocolo similar al que usaron para recrear rasgos del lobo terrible: mediante la tecnología CRISPR, modificaron células de lobos grises en múltiples sitios del genoma para inducir características del animal extinto. Sin embargo, trabajar con aves plantea desafíos adicionales, pues el desarrollo embrionario ocurre dentro de huevos, lo que dificulta técnicas como la fertilización in vitro que se usan en mamíferos.
A pesar del entusiasmo, algunos científicos externos expresan escepticismo respecto a la viabilidad del proyecto y advierten que la verdadera “desextinción” podría ser imposible. Otros temen que tales esfuerzos puedan desviar la atención y recursos de la protección de especies existentes.
Además, expertos en ecología señalan la compleja pregunta de dónde y cómo se reintroduciría una especie así en la naturaleza, dado que ha desaparecido hace siglos y los ecosistemas han cambiado. También alertan sobre los riesgos que podría implicar un animal grande y potente como el moa en el ambiente actual.
La dirección científica y cultural del proyecto está a cargo de académicos maoríes del Centro de Investigación Ngāi Tahu. El arqueólogo Kyle Davis, experto en restos de moa, afirma que la iniciativa ha reavivado el interés por las tradiciones y mitologías de su pueblo vinculadas al ave.
Peter Jackson, apasionado coleccionista de huesos de moa, ha combinado su interés personal con la tecnología de punta para dar nueva vida a uno de los símbolos más emblemáticos de Nueva Zelanda, mientras se enfrentan los múltiples desafíos científicos, éticos y ecológicos que plantea esta fascinante empresa.

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