Arqueólogos han realizado un sorprendente descubrimiento en las ruinas del Fuerte Magna, una antigua fortificación militar del siglo I ubicada a lo largo del Muro de Adriano, una histórica barrera de piedra de 117 kilómetros que protegía el perímetro noroeste del Imperio Romano. Entre los hallazgos destaca un alijo de 34 pares de zapatos, varios de ellos con suelas excepcionalmente grandes que plantean nuevas preguntas sobre las características y el origen de los habitantes del fuerte.
El Fuerte Magna se encuentra justo al sur de la frontera escocesa, en Inglaterra, y se estima que fue construido alrededor del año 85 d.C. Durante su uso, albergó a unos 4,000 hombres, mujeres y niños que formaban parte de las diversas tropas y familias que rotaban por la región siguiendo las órdenes del ejército romano. Las inscripciones encontradas en el sitio mencionan la presencia de arqueros hamianos originarios de la región de Siria, soldados dálmatas de los territorios que hoy corresponden a Croacia y Serbia, y batavios procedentes de los Países Bajos, reflejando la gran diversidad étnica de sus ocupantes.
Lo que más ha llamado la atención son ocho pares de zapatos cuyas suelas de cuero miden más de 30 centímetros de largo, lo que equivale a una talla 13.5 o más en la escala estadounidense para hombres, notablemente más grandes que el promedio esperado para la época. Para comparar, los zapatos antiguos recuperados en un fuerte romano vecino, Vindolanda, tenían tallas promedio cercanas a la 8.

La arqueóloga principal a cargo de la excavación, Rachel Frame, explicó que inicialmente consideraron diversas hipótesis para explicar el tamaño, como que los zapatos podrían haber sido usados con calcetines gruesos o rellenados, pero el hallazgo reiterado de múltiples estilos y tamaños grandes apunta a que simplemente se trataba de personas con pies realmente grandes.
El diseño de los zapatos comparte características con los encontrados en Vindolanda: suelas elaboradas con gruesas capas de cuero de vaca unidas mediante tachuelas de hierro, y estilos variados que incluyen botas militares cerradas, botas de trabajo abiertas, zapatos tipo tenis y sandalias con sujetadores de cuero. El cuero de los zapatos se ha conservado gracias a técnicas antiguas de curtido, que aplicaban materia vegetal triturada para proteger el material del agua y el calor, aunque las pruebas para confirmar esto continúan.
El tamaño de los zapatos ha llevado a los investigadores a plantear que los propietarios podrían haber sido soldados de estatura excepcionalmente alta, una curiosidad dado que los manuales romanos antiguos describían al recluta ideal con una estatura promedio de 1.73 a 1.75 metros. Sin embargo, dado que las tropas provinieron de distintas regiones del extenso imperio, la diversidad física era considerable. Aún así, el por qué el fuerte Magna habría albergado soldados tan altos sigue siendo un misterio.
La arqueología del sitio se complica debido a que los romanos cremaban a sus muertos y no enterraban cuerpos en los asentamientos, dificultando la conexión directa entre los zapatos y restos humanos. Hasta ahora, los pocos huesos recuperados estaban en condiciones demasiado deterioradas para proporcionar información útil, por lo que la búsqueda continúa.
Un desafío adicional es el cambio climático, que está afectando las condiciones de conservación del cuero. El suelo anaeróbico que preservó durante siglos los zapatos ahora está expuesto a variaciones de temperatura y humedad, lo que introduce oxígeno y microbios que aceleran la descomposición. Esto hace urgente la excavación y el estudio de estos valiosos artefactos.
Finalmente, la importancia de este hallazgo radica en que permite recuperar la historia de personas comunes, no solo de emperadores o grandes héroes. Los objetos personales, como estos zapatos, ofrecen una ventana hacia las vidas reales de quienes habitaron un lugar estratégico en uno de los límites más famosos del Imperio Romano, ayudando a reconstruir su pasado y legado.
