Viernes 6 de Marzo de 2026
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Ruta Wixárica, patrimonio mundial

Finalmente sucedió. La peregrinación ancestral del pueblo wixárika hacia Wirikuta ha sido reconocida como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Durante la sesión 47 del Comité del Patrimonio Mundial en París, Francia, la Ruta Wixárika por los Sitios Sagrados fue inscrita oficialmente en la Lista del Patrimonio Mundial, en reconocimiento a su profundo valor cultural, espiritual y biocultural.

Cada año, cientos de wixaritari —conocidos como huicholes— emprenden un viaje espiritual que ha sobrevivido por siglos: la Ruta Wixárika. Este recorrido ceremonial, que inicia en comunidades del norte de Jalisco, como San Andrés Cohamiata o Santa Catarina Cuexcomatitlán, y culmina en el desierto de Wirikuta, en San Luis Potosí, no es solo una travesía física de más de 500 kilómetros, sino un tránsito sagrado por los puntos que, según su cosmogonía, dieron origen al mundo. Es un camino ancestral que sigue vivo pese a las amenazas del presente.

El trayecto conecta cinco sitios sagrados fundamentales: Hauxa Manaka (el centro del mundo, ubicado en Durango), Xapawiyemeta (la isla de los escorpiones, en el lago de Chapala), Te’akata (en la Sierra de Nayarit), Wirikuta (el desierto en Real de Catorce, San Luis Potosí), y el río Tatéi Haramara (la madre del mar, en San Blas). Cada uno representa una dimensión espiritual: el mar, el viento, el fuego, la lluvia y el maíz, los cinco elementos esenciales para la vida, según la visión wixárika. El recorrido puede durar varias semanas, a pie o en caravana, dependiendo de la comunidad de origen.

Este peregrinaje ha sido practicado por generaciones desde tiempos prehispánicos. Aunque las rutas y ritmos varían entre familias o comunidades, el objetivo es el mismo: renovar el equilibrio del mundo, pedir por la fertilidad de la tierra, el bienestar del pueblo y mantener la conexión con los dioses. Los maraka’ames, o chamanes, guían el recorrido y lideran los rituales que se realizan a lo largo del trayecto, que incluye ofrendas, cantos, danzas y ayunos. En Wirikuta, los peregrinos encuentran el peyote, el cactus sagrado que guía sus visiones.

El peyote, llamado hikuri en wixárika, es más que una planta; es un ser sagrado, un maestro espiritual. Durante el ritual, los participantes lo consumen para tener visiones que les permitan comunicarse con los dioses, comprender su papel en el universo y sanar el cuerpo y el espíritu. Solo los peregrinos iniciados pueden recolectarlo y consumirlo. La recolección del peyote se realiza con profunda devoción: se pide permiso a la tierra, se canta y se agradece al espíritu de la planta por dejarse encontrar. Su consumo no es recreativo, sino parte de una práctica ceremonial que da sentido a la vida wixárika.

En los últimos años, la Ruta Wixárika ha enfrentado múltiples amenazas. La más grave es la presencia de concesiones mineras en el desierto de Wirikuta, otorgadas por el gobierno mexicano a empresas nacionales y extranjeras. Aunque existen decretos y acuerdos para proteger la zona, las tensiones persisten, ya que el subsuelo de Wirikuta contiene plata y otros minerales de alto valor económico. La actividad minera, además de destruir el hábitat del peyote, profana un territorio que es sagrado para los huicholes.

Otra amenaza es la expansión agrícola, ganadera y de infraestructura en las zonas por donde pasa la ruta. Se han construido caminos, sembrado monocultivos y cercado tierras, lo que ha obligado a los peregrinos a modificar tramos del recorrido. También enfrentan la inseguridad generada por el crimen organizado en zonas rurales, lo que ha llevado a algunas comunidades a viajar con resguardo o incluso a suspender el viaje en ciertos años. A esto se suma el turismo no regulado, que ha popularizado el consumo del peyote sin conocimiento de su contexto espiritual.

Desde 2024, diversas organizaciones indígenas habían renovado su exigencia al gobierno federal para declarar la Ruta Wixárika como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad ante la UNESCO, con el fin de obtener mayor protección legal del territorio y reconocimiento internacional. Aunque el sitio de Wirikuta está protegido desde 2001 como Área Natural Sagrada, los wixaritari insisten en que la defensa no puede ser solo simbólica, sino práctica y efectiva ante la presión económica y política.

La Ruta Wixárika no es solo una herencia cultural, es una expresión viva de resistencia. En cada paso, los huicholes renuevan su pacto con el universo, su identidad como pueblo y su compromiso con la tierra. Es una travesía que recuerda que hay caminos que no deben pavimentarse, visiones que no deben comercializarse y culturas que deben protegerse, no como piezas de museo, sino como parte viva del alma de México.

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