En los años 60, Estados Unidos y la Unión Soviética buscaron cooperar en la exploración espacial para mantener el interés público y mejorar su imagen internacional. Aunque inicialmente se propuso acoplar la nave soviética Soyuz a la estación Skylab estadounidense, la llegada de la primera estación espacial soviética, la Salyut 1, y su carácter militar, impidió esta idea.
En 1972, durante la visita del presidente Nixon a Moscú, ambos países firmaron un acuerdo para colaborar en una misión espacial conjunta, donde la nave Apollo estadounidense se acoplaría a la Soyuz soviética. Para ello, se desarrollaron soluciones técnicas para superar diferencias en la presión atmosférica y la composición del aire entre ambas naves, como el módulo de conexión APAS.

El 15 de julio de 1975 despegó la Soyuz con los cosmonautas Alexei Leonov y Valery Kubásov, seguida horas después por la Apollo con Thomas Stafford, Vance Brand y Donald Slyton. Después de dos días en órbita, ambas naves se acoplaron exitosamente, permitiendo el intercambio de tripulantes, experimentos científicos y el histórico apretón de manos entre Stafford y Leonov a 229 km de altura.
La misión, que duró 44 horas, fue el último vuelo tripulado de Apollo y sentó las bases para la cooperación espacial futura, incluyendo la Estación Espacial Internacional. A pesar de las tensiones en la Tierra, Estados Unidos y Rusia continúan colaborando en el espacio. El legado de esta misión pacífica sigue inspirando la unión de la ciencia y la política.
