
Por Manuel Sepúlveda
Hace un poco más de cincuenta años, salió al mercado el videojuego llamado Pong, el cual emulaba un juego de ping pong y constaba de dos barras verticales en cada lado de la pantalla y una “pelota cuadrada”. No había más; no había trama, protagonistas ni música de fondo. Los creadores de Pong probablemente jamás imaginaron que cincuenta años después los videojuegos se convertirían en una industria que factura miles de millones de dólares al año y en la que ya no solo se emplean a talentosos programadores, sino también a ilustradores, diseñadores gráficos, actores de voz y captura de movimiento, escritores, guionistas, directores y productores.
La industria del videojuego, hoy por hoy, es equiparable a la industria del cine en escala y ambición. No resulta extraño, entonces, que muchos estudios de cine estén tan interesados en adaptar grandes sagas de videojuegos a la pantalla grande (véase el reciente éxito de adaptaciones como la trilogía de Sonic o The Super Mario Bros. Movie, ambas franquicias con secuelas confirmadas). Los estudios de videojuegos se han convertido en los nuevos tanques de gestación de ideas ambiciosas y creativas, superando en creces a mucho de lo que se produce en masa para que llene los catálogos de innumerables servicios de streaming.
Por muchos años se ha creado esta imagen en el colectivo social de que los videojuegos son violentos, vacíos y que tienen poco o nulo valor cultural, pero si se logra pasar la estela de la superficialidad, la sorpresa es más que grata. Basta con buscar las grandes obras musicales que ha escrito el maestro Nobuo Uematsu para la saga de Final Fantasy; el tema de amor de Final Fantasy IV se hizo tan popular en Japón que se enseña en algunas escuelas en las clases de música. Esta entrega de la saga salió a la venta en 1991 y ya desde ese entonces su música era reconocida por miles de jugadores.

Otro gran ejemplo es el arte del artista visual Yoji Shinkawa, quien ha realizado varias ilustraciones y arte conceptual para la saga Metal Gear y más recientemente para Death Stranding. El estilo de Shinkawa es intenso, fluido y evoca movimiento y dinamismo que se traduce de manera fiel en el estilo de juego de estas dos sagas.
Grandes actores como Mads Mikkelsen, Norman Reedus, Willem Dafoe y Keanu Reeves han tenido participaciones importantes en varios videojuegos, puesto que estos están cada día más cerca de romper la delgada línea que los separa del cine. Grandes directores y escritores como Guillermo del Toro y George R.R Martin han colaborado con varios creativos de esta industria para producir nuevas y grandes ideas que cada día se muestran más ambiciosas que las películas que se proyectan ahora en las salas de cine.
El videojuego ya no debe ser juzgado superficialmente, puesto que cada proyecto representa el trabajo de miles de artistas, ingenieros y programadores que explotan su potencial creativo en pro de una visión común que resulte creativa y exitosa. Claro está que, así como en cualquier otro arte, cada uno juzgará el valor de cada obra, pero, en este caso en particular, vale la pena que nuestra vista se dirija hacia el apartado creativo y un tanto menos hacia el aspecto del mero entretenimiento.
