El reclutamiento infantil no solo es una práctica del crimen organizado en México, sino que también ocurre en comunidades donde operan grupos de autodefensa. Ante el abandono del Estado y la constante amenaza de los cárteles, algunas comunidades han optado por organizarse y armarse para su propia protección. En estas circunstancias, menores de edad son entrenados en el manejo de armas y tácticas de defensa, argumentando que es una medida necesaria para resguardar sus pueblos. Niños de entre 12 y 15 años han sido vistos patrullando con rifles en zonas rurales, especialmente en estados como Guerrero y Michoacán, donde la violencia es una constante.
Las autodefensas justifican el reclutamiento infantil como una respuesta desesperada ante la falta de seguridad, pero organizaciones de derechos humanos han denunciado que esto vulnera los derechos de los menores y los expone a peligros extremos. Además, el involucramiento de niños y adolescentes en estos grupos dificulta su acceso a la educación y los coloca en una posición de alto riesgo ante posibles enfrentamientos con grupos criminales o fuerzas del Estado. A pesar de la polémica, el fenómeno sigue en aumento, con imágenes de niños armados recorriendo los caminos de sus comunidades, reflejando la crudeza del conflicto que azota a estas regiones.

En México, el crimen organizado ha desarrollado estrategias sofisticadas para reclutar a jóvenes, aprovechando la vulnerabilidad económica y la omnipresencia de las redes sociales. Una táctica común es la publicación de ofertas de trabajo falsas en plataformas digitales, prometiendo salarios elevados y condiciones atractivas. Estas ofertas suelen estar dirigidas a jóvenes que buscan mejorar su situación económica, pero que desconocen los riesgos que implican.
Una vez que los jóvenes muestran interés en estas ofertas, son citados en lugares públicos, como centrales de autobuses, donde se concreta su traslado bajo engaños. Posteriormente, son llevados a centros de entrenamiento clandestinos, controlados por organizaciones criminales como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). En estos lugares, los reclutas son sometidos a entrenamientos forzados y, en muchos casos, a tratos inhumanos.
Un caso emblemático es el del rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco, descubierto en septiembre de 2024. En este sitio, se encontraron restos humanos y evidencias de torturas, lo que reveló la magnitud de las atrocidades cometidas. Las investigaciones señalaron que el CJNG utilizaba este lugar como centro de adiestramiento y exterminio, donde los jóvenes reclutados eran obligados a realizar actividades físicas deshumanizadoras y, en muchos casos, asesinados si no cumplían con las expectativas del grupo criminal.
Las cifras son alarmantes. Se estima que entre 35,000 y 45,000 niños, niñas y adolescentes han sido captados y explotados por grupos criminales en México. Esta problemática no solo afecta a los jóvenes reclutados, sino que también genera un clima de inseguridad y desconfianza en la sociedad.

A pesar de la crudeza de esta realidad, existen historias de jóvenes que han logrado escapar de este horror. Uno de ellos relató cómo fue secuestrado y obligado a trabajar para el crimen organizado, pero, tras meses de abuso y violencia, logró huir y ahora busca reconstruir su vida lejos de la influencia de estos grupos.
El reclutamiento de jóvenes por parte del crimen organizado en México ha evolucionado, incorporando nuevas tácticas que aprovechan la tecnología y las plataformas digitales. Además de las falsas ofertas de empleo en redes sociales, se ha identificado el uso de videojuegos en línea como herramientas para captar menores. Los grupos delictivos se infiltran en comunidades virtuales, identifican a líderes juveniles y les ofrecen incentivos económicos para realizar actividades ilícitas, o incluso los secuestran para forzarlos a unirse a sus filas.
Un informe de la Secretaría de Gobernación señala que plataformas digitales son utilizadas por delincuentes para atraer la atención de menores. La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana ha alertado sobre el aumento del reclutamiento de menores a través de plataformas de juegos en línea, evidenciando la diversificación de los métodos empleados por el crimen organizado para captar a jóvenes en México.