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México en una fractura

Una fractura marcó el suelo de la calle Delfín, en la colonia Del Mar, Tlahuác. La casa de Alminda Calviño, en la esquina de esa calle, permaneció de pie después del terremoto del 19 de septiembre; dos de sus vecinos no tuvieron la misma suerte: aunque no vieron colapsar las estructuras, personal Protección Civil les notificó que los inmuebles deben ser derribados. Pero un mes después del desastre, el hogar de Alminda se hunde y ella siente que en cualquier momento puede perderlo todo.

El hundimiento de la Ciudad de México comenzó a estudiarse desde hace más de 60 años. Este fenómeno —al que también se le llama subsidencia— es continuo y pone en riesgo la estabilidad construcciones del terreno, reportó en un análisis reciente el Centro de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El proceso de hundimiento es resultado de varios factores: la extracción del agua del subsuelo y el crecimiento demográfico, en combinación con los sedimentos lacustres o suelo del antiguo lago. El lecho del cuerpo de agua, que corresponde al 24 por ciento de la superficie actual de la ciudad, es la zona de mayor subsidencia, explican.

Los hundimientos también van de la mano de fallas o fracturas del subsuelo, a lo que muchos llaman grietas. Sin embargo, estas fracturas no son fenómenos superficiales, sino lo que vemos de un fenómeno profundo, dice Dora Carreón Freyre, investigadora en ingeniería geológica y geotécnica. Una fractura o falla puede mostrarse en terreno a causa de una fuerza tectónica, un sismo, aunque siempre están ahí.

Hoy en día, debido a que buena parte de la extracción de agua sucede en el oriente de la ciudad, esta zona presenta mayor número de hundimientos y fracturas, dice Carreón Freyre.

Con el último terremoto, estos fenómenos se mostraron con mayor evidencia en las delegaciones Iztapalapa y Tláhuac, en donde está la casa de Alminda y al menos otras 300 viviendas dañadas o construidas sobre terrenos que siguen hundiéndose.

En Iztapalapa, el suelo se desplazó de forma vertical hasta 90 centímetros. Se trata del sur de la falla de Mixhuaca. Pero existen otras tres fallas regionales que influyen en los sismos en la cuenca de México.

El Centro de Geociencias de la UNAM y el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) cartografiaron las fracturas y hundimientos en la capital antes del terremoto. Este mapa permite visualizar los fenómenos por colonia o cuadrante y hacer un análisis de la población, viviendas y otros establecimientos vulnerables alrededor de ellos.

El grado de vulnerabilidad les calculado por cuadrantes o radios, en donde influyen: el relieve, la zona sísmica, las fracturas y los hundimientos, entre otros factores. El mayor número de fracturas y hundimientos está en las zonas sísmicas III a y III b, y en los terrenos entre fallas.

Alminda y sus vecinos están a la espera de los estudios de suelo que les indiquen si pueden reconstruir o hacer reparaciones sobre ese piso y desconocen el proyecto que la UNAM desarrolló. Mariano Cerca, investigador integrante del equipo, considera necesario actualizar los datos de las fracturas surgidas con el último terremoto para hacer este análisis.

La lección del Multifamiliar Juárez

El terremoto de 1957 fue el primero en mostrar una anomalía en los terrenos en la colonia Roma Sur, frente a Centro Médico. En 1952, fue inaugurado en este lugar el Centro Urbano Benito Juárez —conocido como el Multifamiliar Juárez—, uno de los complejos habitacionales más emblemáticos de la ciudad. Diseñado por el arquitecto Mario Pani, tenía 14 edificios distribuidos en 25 hectáreas. Con aquél sismo, algunos de los edificios del centro tuvieron daños, que fueron reparados, pero las estructuras nunca fueron reforzadas. El terremoto de 1985 colapsó tres de sus edificios, provocando la muerte de inquilinos. El resto de las edificaciones del complejo fueron dinamitadas, con excepción de tres que aún sobreviven.

Entonces no se sabía que dos fracturas atraviesan el terreno donde se alzó este multifamiliar: una se extiende de sur a oeste, y otra por el noroeste del cuadrante. Los edificios del Multifamiliar que hoy aún existen están dentro de la zona de “vulnerabilidad física al fracturamiento” media. Mientras la parte considerada de “mayor” riego es ahora el jardín Ramón López Velarde.

En un radio de tres kilómetros alrededor de estas fracturas, la población vulnerable es de 22 mil 585 personas, 10 mil viviendas, 9 establecimientos de salud, 19 escuelas, y el “indice de vulnerabilidad social” es medio; según información arrojada por el mapa desarrollado por la UNAM.

La evidencia ignorada

Aunque la herramienta digital fue construía con información recabada antes del terremoto del 19 de septiembre, muestra varias fracturas y zonas vulnerables en donde ocurrieron daños ese día. Por lo menos en Iztapalapa, los geólogos de la UNAM han trabajado durante una década, de la mano de la delegación, para “mitigar y prevenir” los riesgos a la población que vive sobre la falla. Sin embargo, no hubo ningún trabajo de prevención de las autoridades y hoy existen alrededor de 30 mil personas en riesgo en las colonias La Planta y el Molino, que sufrieron los mayores daños por el desastre natural.

Otro ejemplo de lo que se pude haber previsto fueron los daños en el poblado de San Gregorio, Xochimilco, en donde buena parte de la zona afecta está en el área de “vulnerabilidad física al fracturamiento” alta. La fractura en la carretera Xochimilco-Tulyehualco, que con el terremoto se abrió e infarto las vialidades de la zona durante semanas, está incluida en el mapeo. Las grietas que dejaron viviendas y calles dañadas de la colonia Del Mar, en la delegación Tláhuac, forman parte de la zona con vulnerabilidad media debido a la cercanía de esas fallas estudiadas.

Las fracturas que provocaron daños en Xochimilco ya estaban mapeadas

¿Por qué las autoridades no actuaron de forma preventiva ante esta evidencia? ¿Quiénes son los funcionarios públicos negligentes? ¿Qué institución es responsable y tendría que atender a la población en riesgo que habita sobre las fracturas? ¿Son zonas habitables o deberán ser desalojadas? ¿Qué lineamientos de construcción en áreas vulnerables se establecerán ahora que conocemos esta información? ¿Cuáles deberán ser las reglas para la reconstrucción en estos lugares, después del terremoto? Son todas preguntas que permanecen pendientes.

“Este trabajo forma parte del proyecto Pie de Página, realizado por la Red de Periodistas de a Pie”.

• Paralelo 20

Paralelo 20
Equipo de redacción especializado en información WEB y con formación en radio, televisión y periódicos.

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